Prácticamente no queda aceite en manos de los productores
En las tierras olivareras de España, el aceite de oliva virgen extra ha cruzado una barrera que parecía impensable: nueve euros por litro en Jaén, cuna de una tradición milenaria. Detrás de ese número no hay especulación ni codicia, sino la huella de un clima que se ha vuelto hostil, de cosechas consecutivas devastadas por la sequía y el calor extremo. La paradoja es antigua y cruel: cuando el precio sube, quienes cultivan la tierra no tienen nada que vender; cuando tenían producto, el mercado no lo valoraba. España enfrenta hoy no solo una crisis de escasez, sino una pregunta más profunda sobre cómo sostener un alimento que es también identidad y salud.
- El virgen extra alcanza nueve euros por litro en Jaén, un precio sin precedentes que refleja la peor cosecha del siglo XXI y no una maniobra especulativa.
- Los productores, que vendieron sus escasas existencias a lo largo de los meses sin retenerlas, se encuentran ahora sin producto que comercializar justo cuando el mercado paga cifras récord.
- El consumo interno de aceite de oliva se desplomó más del 50 por ciento en el primer semestre de 2023, mientras el girasol gana terreno como sustituto más barato.
- Los precios de origen han subido entre un 125 y un 139 por ciento según la categoría, y cada euro adicional sostenido en el tiempo arrastra una pérdida acumulativa de más de 40.000 toneladas de consumo interno.
- Los dirigentes agrarios exigen herramientas de estabilización de precios y políticas de adaptación a sequías permanentes para evitar que este ciclo de crisis se repita campaña tras campaña.
En Jaén, donde el olivo lleva siglos definiendo el paisaje y la economía, el aceite de oliva virgen extra ha alcanzado nueve euros por litro, una cifra que nadie esperaba ver. No es el resultado de la especulación: es el reflejo de una escasez real y profunda. La campaña 2022-2023 fue la peor del siglo veintiuno, y ni sumando la producción de las dos últimas campañas desastrosas se alcanzaría la cosecha media anual de España, que ronda el millón y medio de toneladas.
Los productores vendieron lo poco que tenían sin retener existencias, y hoy prácticamente no queda aceite en manos de los agricultores. La ironía es brutal: cuando el precio sube, no tienen producto que vender. Cristóbal Cano, de UPA Jaén, lo resume con claridad: un agricultor no puede comercializar lo que no existe, aunque el mercado pague cifras récord. Durante años, España exportó su aceite a precios bajos; ahora que los precios suben, la cosecha no está.
El golpe para los consumidores es igualmente severo. En el primer semestre de 2023, el consumo interno de aceites de oliva cayó más del 50 por ciento. Un estudio de la Universidad de Jaén que analizó cientos de establecimientos reveló caídas de demanda superiores al 17 por ciento en vírgenes y vírgenes extras, con precios que subían simultáneamente. El girasol, más barato, ganó terreno: su precio bajó y su demanda creció. Comparados con las cuatro campañas anteriores, los precios de origen han subido entre un 125 y un 139 por ciento según la categoría.
Los dirigentes agrarios advierten que este ciclo no puede repetirse. José Luis Ávila, de COAG Jaén, subraya que España necesita mecanismos para estabilizar precios entre campañas y políticas que anticipen las sequías, cada vez más frecuentes y prolongadas. Sin esas herramientas, el sector seguirá atrapado: años de precios bajos que erosionan la viabilidad, seguidos de crisis de escasez que castigan a todos. La próxima campaña se perfila igualmente negativa, y los olivareros miran al cielo esperando una lluvia que quizá no llegue.
En las provincias olivareras de España, el aceite de oliva virgen extra ha alcanzado un precio sin precedentes: nueve euros por litro. En Jaén, donde la tradición del cultivo del olivo se remonta siglos atrás, esta cifra representa un quiebre histórico, una barrera que nadie esperaba cruzar. Detrás de estos números está una realidad climática brutal: la campaña 2022-2023 fue la peor del siglo veintiuno, y las perspectivas para la próxima no son mejores.
La sequía y las temperaturas extremas han vaciado los campos. España, el principal productor mundial de aceite de oliva, suele cosechar entre 1.300.000 y 1.400.000 toneladas anuales. Ni siquiera sumando la producción de estas dos campañas desastrosas consecutivas se alcanzaría esa cifra media. Los productores han vendido lo poco que tenían a lo largo de los meses, sin especular, sin retener existencias. Según José Luis Ávila, secretario general de COAG Jaén, prácticamente no queda aceite en manos de los agricultores. Lo que está sucediendo en los mercados no es manipulación: es escasez genuina, tremenda.
Pero los precios altos no benefician a quienes cultivan los olivos. Cristóbal Cano, secretario general de UPA Jaén, lo explica con claridad: cuando no hay cosecha, el precio pierde relevancia. Un agricultor no puede vender lo que no tiene, aunque el mercado pague cifras récord. La ironía es brutal. Durante años, España ha malvendido su aceite a precios bajos mientras era exportador neto. Ahora, cuando los precios suben, los productores no tienen producto que comercializar.
El impacto en los consumidores es inmediato y medible. Durante el primer semestre de 2023, el consumo interno de aceites de oliva en España cayó más del 50 por ciento. Un estudio de la Universidad de Jaén, que analizó 63 hipermercados y casi 250 supermercados con alcance a más de un millón de hogares, reveló que los vírgenes y vírgenes extras en formatos de dos a cinco litros cayeron más del 17 por ciento en volumen, mientras sus precios subían un 31 por ciento. Los aceites refinados experimentaron una caída de demanda superior al 21 por ciento con un aumento de precio del 33 por ciento. Mientras tanto, el girasol, más barato, ganaba terreno: su precio bajó entre 12 y 14 por ciento, y su demanda creció entre 11 y 19 por ciento.
Los números de origen son aún más dramáticos. Comparados con los precios medios de las cuatro campañas anteriores, los vírgenes extra han subido un 126 por ciento, los vírgenes un 136 por ciento, los lampantes un 139 por ciento, y los refinados un 125 por ciento. El consumo global de aceites de oliva dentro de España ha cedido un 51 por ciento. Según el análisis, cada euro adicional sostenido en el tiempo en el precio de origen genera una caída acumulativa de consumo interno superior a 40.000 toneladas.
Los dirigentes agrarios advierten que esta situación no puede repetirse. Ávila subraya que España necesita herramientas para enlazar mejor unas campañas con otras, para crear un horizonte de precios más estable en un alimento que es mucho más que comida: es salud, es la base de la dieta mediterránea. Las sequías, cada vez más frecuentes y permanentes, están poniendo contra las cuerdas a los productores. Sin medidas de adaptación y estabilización, sin políticas que anticipen estas crisis climáticas, el sector seguirá atrapado en este ciclo: años de precios bajos que erosionan la viabilidad, seguidos de crisis de escasez que castigan tanto a productores como a consumidores.
La próxima campaña, la 2023-2024, se perfila igualmente negativa. El clima hasta marzo o abril será determinante. Mientras tanto, los españoles están aprendiendo a cocinar con menos aceite de oliva, o a no cocinar con él. Y los olivareros miran al cielo, esperando lluvia que quizá no llegue.
Citas Notables
No puede ser que nos tiremos años malvendiendo nuestro producto a precios muy bajos y que luego se den situaciones como éstas— José Luis Ávila, secretario general de COAG Jaén
Al no tener cosecha, el precio, lamentablemente, pasa a un segundo plano porque no podemos liquidar aceite a precios como los que hay— Cristóbal Cano, secretario general de UPA Jaén
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué los productores no se benefician de estos precios tan altos?
Porque no tienen cosecha que vender. Un precio de nueve euros por litro no sirve de nada si tu campo produjo casi nada.
Pero entonces, ¿quién está ganando dinero con estos precios?
Esa es la pregunta incómoda. Los distribuidores, los intermediarios, tal vez. Pero no los agricultores ni los consumidores.
¿Esto es especulación?
No, según los dirigentes agrarios. Dicen que los productores vendieron lo que tenían mes a mes, sin retener existencias. Es escasez real, no manipulación de mercado.
¿Y por qué cae tanto el consumo?
La gente busca alternativas. El girasol es más barato. Cuando el aceite de oliva sube 31 por ciento en precio y baja 17 por ciento en volumen, la gente elige. Es economía básica.
¿Esto puede volver a ocurrir?
Probablemente sí, si no cambia algo fundamental. Las sequías son cada vez más frecuentes. Sin políticas de estabilización y adaptación climática, esto es el nuevo normal.
¿Qué necesitaría cambiar?
Herramientas para conectar campañas buenas con malas, para crear reservas estratégicas, para que los precios no oscilen tan violentamente. Y, sobre todo, adaptarse a un clima que ya no es el que era.