En un país donde la transformación digital avanza más rápido que las aulas pueden responder, ocho de cada diez empresas tecnológicas chilenas buscan en vano a quienes dominen la inteligencia artificial. Esta escasez —que supera ampliamente el promedio nacional y revela una fractura estructural entre la velocidad del cambio tecnológico y los ciclos de formación humana— no es solo un problema de recursos humanos, sino un espejo de cómo la automatización está redibujando el mapa del trabajo antes de que las sociedades puedan cartografiarlo. Chile, como tantos otros países, enfrenta la paradoja de