Uno de cada cuatro pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal tiene menos de veinte años, y en muchos de ellos la enfermedad habla primero a través del cuerpo que crece, no del intestino que duele. La gastroenterología pediátrica nos recuerda que el silencio de los síntomas no es sinónimo de salud, y que una curva de crecimiento que desciende puede ser el primer capítulo de una historia clínica aún no escrita. Detectar a tiempo significa intervenir antes de que la inflamación deje huellas permanentes en el desarrollo de un niño.
EII en menores: 1 de cada 4 diagnosticados tiene menos de 20 años
Niños y adolescentes con enfermedad inflamatoria intestinal no diagnosticada pueden experimentar retraso en crecimiento, desarrollo puberal comprometido y complicaciones intestinales que afectan su calidad de vida.