En las primeras horas del martes, cazas de Estados Unidos y Arabia Saudita golpearon posiciones de milicias iraníes en el este de Irak, respondiendo a más de treinta ataques con drones en 72 horas. La acción no es un hecho aislado, sino el último capítulo de una escalada sostenida que ha convertido el Golfo Pérsico en un tablero donde la diplomacia y la guerra coexisten con inestable tensión. Una tregua pactada en junio lleva trece días rota, y el mundo observa si las negociaciones en curso pueden sobrevivir al peso de los bombardeos consecutivos.