Tras 47 años de aislamiento diplomático y económico, Siria abandona la lista estadounidense de patrocinadores del terrorismo, cerrando un capítulo que definió décadas de conflicto y exclusión. La decisión, impulsada por el presidente Trump, no es solo un acto administrativo: es el reconocimiento de que el país que existía bajo los Assad ya no es el mismo que hoy busca reconstruirse. En el horizonte, la pregunta no es si Siria puede abrirse al mundo, sino si el mundo llegará a tiempo para acompañar esa transformación.