Once noches consecutivas de bombardeos estadounidenses sobre Irán marcan el ritmo de una campaña que, desde el colapso del alto el fuego el 8 de julio, busca desmantelar la capacidad de Teherán para cerrar el estrecho de Ormuz, arteria por la que fluye una fracción decisiva del petróleo mundial. Detrás de cada explosión reportada desde Tabriz hasta Sirik late una aritmética brutal: 37.500 millones de dólares gastados, 17 soldados estadounidenses muertos, y una solicitud de 70.000 millones más que el Pentágono lleva al Congreso como prueba de que la guerra no ha encontrado aún su límite. En el
EE.UU. lanza undécima noche de ataques contra objetivos militares iraníes
Tres militares estadounidenses murieron en la escalada actual, elevando el total de bajas a 17 desde el 28 de febrero, con aproximadamente cien heridos.