En el cruce entre la energía, la seguridad y la geopolítica, Washington y Riad han sellado un pacto nuclear civil que promete décadas de cooperación y miles de millones de dólares, pero que esconde en su letra pequeña la posibilidad de que Arabia Saudita enriquezca uranio en su propio suelo. El acuerdo refleja una lógica de alianzas en transformación: si Irán es el adversario nuclear que debe contenerse, Arabia Saudita es el socio que debe fortalecerse, aunque ambos esgrimen los mismos argumentos sobre el derecho a la energía atómica civil. La historia advierte que las capacidades nucleares, u