No hace falta emprender un costoso despliegue militar para asegurarse la servidumbre
Trump utiliza a Marco Rubio como 'Virrey' para controlar Venezuela sin despliegue militar costoso, replicando la vieja Doctrina Monroe con métodos modernos de dominación política y económica. Israel invirtió en convertir a Ahmadineyad de enemigo existencial en marioneta política mediante operaciones encubiertas, pero el expresidente iraní escapó del control israelí tras ser rescatado de bombardeos.
- Marco Rubio controla Venezuela desde Washington sin presencia física, decidiendo exportaciones de petróleo y presupuesto nacional
- Israel invirtió en convertir a Ahmadineyad en marioneta política mediante operaciones encubiertas en Budapest y otros lugares
- Cien mil civiles murieron en Irak bajo la administración Bush, más decenas de miles en represión posterior
- Ahmadineyad escapó del control israelí tras ser rescatado de bombardeos el 29 de febrero de 2026
Análisis sobre operaciones de EE.UU. e Israel para convertir líderes políticos en marionetas: Marco Rubio controla Venezuela a través de Delcy Rodríguez, mientras Israel intentó cooptar al expresidente iraní Ahmadineyad antes de un giro inesperado.
La maquinaria de control geopolítico funciona ahora sin necesidad de tanques ni soldados. Estados Unidos e Israel han descubierto que es más barato, más limpio y más efectivo instalar un títere local que mantener una ocupación militar costosa. El columnista de El Obrero examina dos casos recientes que revelan cómo funciona este nuevo imperialismo: uno consumado en Venezuela, otro que fracasó espectacularamente en Irán.
Marco Rubio, Secretario de Estado bajo Trump, nunca ha pisado Venezuela. No lo necesita. Desde Washington, decide qué petróleo se exporta, a través de qué empresas estadounidenses, cómo se cuadra el presupuesto nacional y con quién comercia el país. Su instrumento es Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, quien cumple sus órdenes con lo que el análisis describe como actitud de vasalla. Las élites chavistas, salvo excepciones, han sido cooptadas. El viejo enemigo imperialista ahora da las órdenes, y nadie en Caracas puede hacer nada al respecto. Trump ha convertido a Rubio en virrey de un territorio que controla sin ejército, sin ocupación visible, sin los costos políticos de una invasión. Es el reciclaje de la Doctrina Monroe para el siglo XXI: América Latina como patio trasero estadounidense, pero ahora administrado por delegados locales que no se atreven a reclamar.
Esta estrategia no es nueva, pero su brazura sí lo es. En 2003, cuando Bush invadió Irak, envió a Paul Bremer como cónsul plenipotenciario, un diplomático de carrera que recorría el país en botas militares dando órdenes. El resultado fue catastrófico: cien mil civiles muertos, decenas de miles más en represión, terrorismo, masacres interconfesionales, y un ciclo de violencia que continúa hasta hoy. Trump aprendió la lección. No necesita botas militares ni diplomáticos en el terreno. Un teléfono y una presidenta obediente son suficientes. Rubio sueña con extender su control al Caribe entero, quizá incluso a Cuba, completando lo que doce presidentes anteriores no pudieron lograr con operaciones encubiertas, presión económica y sabotajes.
Pero no todos los planes de control funcionan. Israel intentó convertir a Mahmud Ahmadineyad, expresidente de Irán, de enemigo existencial en marioneta política. Durante su mandato de 2009 a 2013, Ahmadineyad fue uno de los críticos más virulentos de Israel: negaba el Holocausto, proclamaba la necesidad de destruir el Estado judío, coordinaba operaciones contra países aliados de Israel. Pero después de dejar la presidencia, fue marginado por el aparato teocrático. Se unió a las denuncias de autoritarismo y corrupción, se convirtió en una figura incómoda, casi un marginado. Las condiciones parecían perfectas para que el pragmatismo israelí lo reclutara.
Israel invirtió en su vasallaje. Lo contactaron en Budapest, a través de instituciones académicas cercanas al primer ministro húngaro Orbán. Lo financiaron, lo promovieron, lo prepararon para ser otra Delcy Rodríguez: una alternativa controlada a la élite dirigente iraní actual. Todo parecía dispuesto a principios de 2026. Luego llegó el ataque militar conjunto israelo-estadounidense contra Irán el último día de febrero. Ahmadineyad quedó atrapado en su residencia bombardeada. El Mossad acudió al rescate, lo extrajo en un Peugeot negro, lo llevó a un piso franco. Pero entonces algo salió mal. Sin explicación clara, Ahmadineyad abandonó el refugio israelí. Los Guardianes de la Revolución lo capturaron. Desapareció. Hace apenas días reaparece en público, en los funerales del Guía Supremo Ali Jamenei, asesinado en los primeros bombardeos israelíes. ¿Fue rehabilitado? ¿Era un agente doble? La historia continúa, pero el plan de convertirlo en marioneta se derrumbó.
Este patrón de control mediante títeres locales no es reciente. Durante la Guerra Fría, líderes como Gierek y Jaruzelski en Polonia, o Husak en Checoslovaquia, funcionaban como marionetas del Kremlin. Los dictadores latinoamericanos y asiáticos —Marcos en Filipinas, Park en Corea— perpetraron sus crímenes con apoyo y financiación de la CIA. A veces ni siquiera necesitaban órdenes directas; simplemente alineaban sus decisiones con los intereses extranjeros por convicción o por instinto de supervivencia. El caso de Yeltsin es paradigmático: ganó elecciones relativamente limpias pero se rodeó de asesores neoliberales que transformaron Rusia según los intereses occidentales.
Ucrania ofrece un ejemplo más complejo. Políticos de las últimas dos décadas fueron presentados como instrumentos de intereses rusos en distinto grado: Timoshenko, Kuchma, Yanúkovich. Pero ¿no lo fueron igualmente Yushenko, Poroshenko y ahora Zelenski respecto a Occidente? Estrictamente, no al nivel de Delcy Rodríguez o del Ahmadineyad que Israel intentó reclutar. Aunque a efectos prácticos, la diferencia sea pequeña. Lo que está claro es que el modelo Trump ha ganado: es más barato, más eficiente y menos visible que las invasiones militares. Y mientras funcione, seguirá siendo el método preferido.
Citações Notáveis
Rodríguez es poco más que una Jefa de Servicio bien mandada y apenas si reclama que no se la humille en exceso— Análisis del columnista sobre la relación entre Rubio y la presidenta encargada de Venezuela
Ya no hacen falta gorilas militares locales para asegurar el dominio de ese patio trasero— Reflexión sobre la evolución de los métodos de control estadounidense en América Latina
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Trump eligió a Rubio específicamente para Venezuela?
Rubio es hijo de exiliados cubanos. Pasó su carrera política obsesionado con derrotar la Revolución de 1959. Para Trump, es el instrumento perfecto: tiene motivación ideológica, conexiones en Miami, y la credibilidad suficiente en ciertos círculos para que parezca que hay un plan coherente.
Pero Rubio nunca ha estado en Venezuela. ¿Cómo controla realmente a Rodríguez?
No necesita estar allí. Rodríguez depende de él para legitimidad internacional, acceso a mercados, financiamiento. Si se rebela, pierde todo. Es control por asfixia económica y diplomática, no por fuerza bruta.
¿Entonces Delcy Rodríguez es consciente de que es una marioneta?
Probablemente. Pero la alternativa es perder el poder completamente. Así que acepta la humillación a cambio de mantener la apariencia de autoridad. Es un pacto implícito.
¿Por qué falló el plan con Ahmadineyad?
Nadie sabe realmente. Escapó del piso franco israelí. Tal vez fue rescatado por los Guardianes de la Revolución, tal vez tenía sus propios planes. Lo importante es que Israel no pudo mantener el control sobre alguien que conocía sus métodos.
¿Significa esto que el modelo Trump es infalible?
No. Depende de que la marioneta sea dócil y predecible. Ahmadineyad no lo era. Y si Rodríguez alguna vez encuentra apoyo interno o externo, el sistema colapsa. El control es frágil, solo que invisible.