En el umbral de la medianoche, el Comando Sur de Estados Unidos formalizó un nuevo capítulo en la larga historia de la guerra contra las drogas: la Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental reemplazó a su predecesora con un mandato más amplio, una coalición de dieciocho naciones y la declarada intención de desmantelar las redes criminales transnacionales que atraviesan el hemisferio. No es un gesto simbólico ni una respuesta de emergencia, sino la institucionalización de una estrategia de presión máxima que la administración Trump ha sostenido como eje de su política de seguridad regional