En un mundo donde el crimen organizado desafía las fronteras nacionales, los presidentes de Ecuador y Paraguay se reunieron en Quito para tejer una red de compromisos institucionales que trasciende la diplomacia de cortesía. Santiago Peña y Daniel Noboa suscribieron siete acuerdos que abarcan desde extradición y cooperación judicial hasta el empoderamiento de las mujeres, reconociendo que la seguridad y el desarrollo son causas que ningún país puede librar en soledad. Detrás de los protocolos formales late una petición concreta: que Paraguay declare terroristas a grupos delictivos ecuatorianos