En junio de 2026, la economía ecuatoriana creció un 2,2% respecto al año anterior, según el Banco Central del Ecuador, en un avance que no provino del petróleo —históricamente el pilar del país— sino del comercio, la manufactura, la construcción y los servicios. Este desplazamiento silencioso hacia actividades no extractivas sugiere que Ecuador está reescribiendo, con cautela, la gramática de su propio desarrollo. El crecimiento es real, pero la pregunta que persiste es si sus frutos alcanzarán a quienes más los necesitan.