En la tarde del 9 de agosto, Navarra se prepara para contemplar cómo la Luna avanza sobre el Sol en un eclipse que, aunque no alcanzará la totalidad, cubrirá casi por completo el disco solar sobre Pamplona y los valles pirenaicos. Es uno de esos momentos en que el cosmos irrumpe en la rutina cotidiana con una advertencia silenciosa: la luz no es permanente, y su ausencia parcial basta para recordarnos nuestra pequeñez. La experiencia será más rica desde las alturas, donde el horizonte despejado hacia el oeste permite que el fenómeno se despliegue sin obstáculos, justo cuando el Sol se acerca a