En la noche del 27 de agosto, la sombra de la Tierra se interpondrá entre el Sol y la Luna llena, ofreciendo a millones de personas en América —desde Bogotá hasta Caracas— la oportunidad de contemplar uno de los rituales más antiguos del cielo: el eclipse lunar parcial. La Luna adquirirá un tono rojizo profundo, recordándonos que somos habitantes de un planeta que, de vez en cuando, se revela a sí mismo proyectando su silueta sobre su propio satélite. No se necesita ningún instrumento especial para ser testigo de este diálogo entre la luz, la sombra y el tiempo.