Tres días después de que un terremoto de magnitud 7.4 sacudiera el Valle del Cauca, un dron del Gaula Militar sobrevolaba Buenaventura con una misión humanitaria cuando su cámara reveló algo que el desastre no había interrumpido: seis hombres empacando cocaína en el barrio Miraflores. La captura de 107 paquetes de clorhidrato de cocaína el 13 de agosto no es solo un hecho policial; es un recordatorio de que las cadenas del crimen organizado no reconocen treguas, ni siquiera cuando una ciudad cuenta sus muertos. En los márgenes de toda crisis, la fragilidad humana convive con la persistencia de