Durante siglos, el sueño fue considerado una pausa en la vida; hoy, medio millón de historias biológicas sugieren que es, en realidad, el ritmo que la sostiene. Investigadores de la Universidad de Columbia han documentado que dormir menos de seis horas o más de ocho se asocia con un envejecimiento acelerado no en un órgano aislado, sino en todo el organismo: cerebro, pulmones, hígado, páncreas y sistema inmunitario. El hallazgo no establece causalidad, pero sí coloca las horas de sueño en el centro de la conversación sobre cómo los cuerpos humanos se conservan o se desgastan con el tiempo.