En noviembre de 1954, en Sylacauga, Alabama, Ann Hodges se convirtió en la primera persona documentada en ser golpeada por un meteorito mientras dormía la siesta en su propio hogar. La roca del espacio atravesó el techo, rebotó contra un mueble y le dejó un hematoma monumental, pero no la mató de inmediato. Lo que siguió —la disputa legal, el asedio mediático y el peso invisible del trauma— resultó ser una fuerza más letal que el cosmos mismo. Su historia es un recordatorio de que la supervivencia física no garantiza la supervivencia del alma.
Dormía la siesta y un meteorito le cayó encima: la historia trágica de Ann Hodges
Ann Hodges sufrió trauma psicológico severo, trastorno de estrés postraumático, ataques de pánico y falleció a los 52 años en un centro de salud mental, mientras su matrimonio se disolvió diez años después del accidente.