En la villa ducal de Lerma, mientras el cielo se preparaba para ofrecer uno de los espectáculos más antiguos que la humanidad ha contemplado, un rumor tan poderoso como el propio eclipse oscureció la jornada: ¿había elegido Elon Musk, el hombre más rico del planeta, este rincón castellano para presenciar el evento? El cierre inusual del Parador y la llegada de autobuses con decenas de personas convirtieron la especulación en el verdadero protagonista del día, recordándonos que la presencia —o la ausencia— de los poderosos tiene la capacidad de transformar cualquier lugar en escenario de algo m