Podrían romper el cifrado que protege a las computadoras de los ataques
En un momento en que las fronteras del poder se trazan también en el plano subatómico, el presidente Trump firmó órdenes ejecutivas que convierten la computación cuántica en prioridad estratégica de Estado, con la mirada puesta en China y el horizonte fijado en 2028. La apuesta es doble y paradójica: construir máquinas capaces de romper el orden digital existente y, al mismo tiempo, proteger al propio gobierno de esa misma ruptura. Lo que está en juego no es solo una ventaja tecnológica, sino la arquitectura de la seguridad global en las próximas décadas.
- Washington percibe que la carrera cuántica con China ha entrado en una fase crítica, y la demora ya no es una opción diplomáticamente cómoda sino un riesgo estratégico concreto.
- Las mismas computadoras que podrían acelerar la ciencia y la defensa tienen el potencial de desmantelar los cifrados que protegen gobiernos, bancos y ciudadanos en todo el mundo.
- El gobierno fijó 2030-2031 como fecha límite para migrar sus sistemas a criptografía postcuántica, una carrera contra su propio avance tecnológico.
- El Pentágono apunta a desplegar sensores cuánticos para 2028, con capacidad de guiar aeronaves sin GPS y detectar túneles o silos de misiles desde el espacio.
- Dos mil millones de dólares en inversiones públicas y la presencia de empresas como IBM en el Despacho Oval señalan que esta apuesta ya tiene músculo financiero, no solo retórica política.
El lunes, Donald Trump firmó dos órdenes ejecutivas que redefinen la postura estadounidense frente a la computación cuántica. El objetivo central es construir una computadora cuántica de gran potencia para investigación científica, mientras se protegen simultáneamente los sistemas gubernamentales de las amenazas que esa misma tecnología podría generar. La carrera es contra China, y los plazos son deliberadamente estrechos.
Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica de la Casa Blanca, indicó que el gobierno confía en tener una máquina operativa para 2028, el mismo año en que el Pentágono debe desplegar sensores cuánticos con aplicaciones militares de alto impacto: orientar aeronaves en zonas donde el GPS ha sido neutralizado y detectar desde satélites actividades subterráneas como la construcción de túneles o silos de misiles.
La computación cuántica, sin embargo, es un arma de doble filo. Su capacidad para resolver problemas complejos en horas —en lugar de años— la convierte también en una amenaza potencial para los sistemas de cifrado actuales. Por eso una de las órdenes establece una meta paralela: migrar los sistemas clave del gobierno a criptografía postcuántica antes de 2030 o 2031, anticipándose a la vulnerabilidad que el propio avance podría crear.
Matthew Kinsella, de la empresa Infleqtion, presente en la firma en el Despacho Oval, expresó confianza en los plazos y subrayó que los beneficios de la detección cuántica pueden materializarse incluso antes de que la computadora completa esté lista. El respaldo financiero ya es concreto: el Departamento de Comercio anunció el mes pasado una inversión de dos mil millones de dólares en nueve empresas del sector, incluida una unidad de IBM.
Más allá de la tecnología, las órdenes reflejan una visión de confrontación estratégica. La administración Trump trata la computación cuántica como un terreno donde el rezago tendría consecuencias que trascienden con creces el ámbito científico, tocando la seguridad económica, la cadena de suministro global y el equilibrio de poder entre naciones.
El lunes, el presidente Donald Trump firmó dos órdenes ejecutivas que marcan un giro decisivo en la apuesta estadounidense por dominar la computación cuántica. En el centro de estas decisiones está un objetivo ambicioso: construir una computadora cuántica de gran potencia destinada a la investigación científica, mientras se blindan simultáneamente los sistemas de defensa del país contra las amenazas que esa misma tecnología podría desatar.
La carrera es contra China, y los tiempos son ajustados. Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, declaró durante una llamada de presentación que el gobierno cree poder tener una máquina operativa para 2028. Esa fecha no es casual: es el mismo año en que el Pentágono debe desplegar sensores cuánticos capaces de transformar la navegación militar y la vigilancia estratégica. Los sensores podrían permitir que las aeronaves se orienten en zonas de conflicto donde el GPS ha sido neutralizado, y cuando se instalen en satélites, ofrecerían la capacidad de detectar desde el espacio actividades subterráneas como la construcción de túneles o silos de misiles.
Pero la computación cuántica es un arma de doble filo. Estas máquinas operan según las leyes de la física cuántica y pueden procesar información de formas que las supercomputadoras actuales no pueden igualar, resolviendo ciertos problemas complejos en cuestión de horas o minutos en lugar de años. El problema es que esa misma capacidad las hace potencialmente devastadoras para la ciberseguridad: podrían romper los sistemas de cifrado que hoy protegen a gobiernos, empresas y ciudadanos de los ataques informáticos. Por eso una de las órdenes ejecutivas establece un objetivo paralelo igualmente urgente: migrar los sistemas informáticos clave del gobierno a criptografía postcuántica antes de 2030 o 2031, es decir, antes de que esa amenaza sea real.
Matthew Kinsella, director ejecutivo de Infleqtion, una de las empresas de computación cuántica presentes en la firma de la orden en el Despacho Oval, expresó confianza en que estos plazos son alcanzables. "La detección cuántica puede brindar muchas aplicaciones interesantes ya desde antes de la llegada de la computación cuántica", señaló, sugiriendo que los beneficios militares y científicos no tienen que esperar a que la máquina completa esté lista.
El gobierno ya está respaldando esta apuesta con dinero. El mes pasado, el Departamento de Comercio anunció que invertiría dos mil millones de dólares en participaciones accionarias de nueve empresas de computación cuántica, incluida una nueva unidad de negocio de IBM. Las órdenes ejecutivas también instruyen a las agencias federales a desarrollar planes para el despliegue de sensores y redes con capacidad cuántica en los próximos cinco años.
Más allá de la competencia tecnológica pura, las órdenes reflejan una preocupación más amplia por la seguridad económica y nacional. Una de ellas busca fortalecer la cooperación internacional en protección de propiedad intelectual y medidas de seguridad en la cadena de suministro, reconociendo que competidores y adversarios están intentando socavar la posición estadounidense. La administración Trump está tratando la computación cuántica no solo como un campo de investigación, sino como un terreno de confrontación estratégica donde el rezago podría tener consecuencias que van mucho más allá de la tecnología.
Citas Notables
Creemos que esto puede suceder para 2028— Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca
La detección cuántica puede brindar muchas aplicaciones interesantes ya desde antes de la llegada de la computación cuántica. Es posible cumplir con estos plazos— Matthew Kinsella, director ejecutivo de Infleqtion
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Trump ordena esto ahora? ¿Qué ha cambiado?
China ha avanzado significativamente en computación cuántica. Estados Unidos siente que está quedándose atrás en una tecnología que podría revolucionar todo, desde la inteligencia artificial hasta la defensa. Es una carrera contra el reloj.
Pero dijiste que estas máquinas podrían romper la seguridad actual. ¿No es peligroso construir algo que te puede destruir?
Exactamente. Por eso hay dos órdenes, no una. Mientras construyen la máquina, también están blindando los sistemas gubernamentales. Es como prepararse para una arma que sabes que alguien más va a tener.
¿Y esos sensores cuánticos para 2028? ¿Qué pueden hacer realmente?
Pueden permitir que un avión de combate se navegue sin GPS en una zona de guerra. Pueden detectar desde un satélite si alguien está cavando un túnel bajo tierra. Son herramientas de vigilancia y navegación que cambian el juego militar.
Dos mil millones de dólares en inversión. ¿Es suficiente?
Es un comienzo significativo, pero la computación cuántica es cara. Lo importante es que el gobierno está apostando dinero real, no solo palabras. Eso atrae a más empresas privadas.
¿Qué pasa si China llega primero?
Entonces China tendría acceso a una tecnología que podría romper los códigos de seguridad de Occidente. Por eso los plazos son tan agresivos. No es solo sobre tener la mejor máquina; es sobre no quedarse atrás.