En la era de los algoritmos, planificar un viaje ya no exige semanas de investigación solitaria: herramientas de inteligencia artificial como Stippl, Wanderlog y ChatGPT prometen convertir el caos de las decisiones en itinerarios ordenados y presupuestos claros. Sin embargo, como toda herramienta poderosa, la IA carga consigo sus propias sombras: información desactualizada, rutas imposibles y el riesgo de homogeneizar la experiencia humana del viaje. La sabiduría del viajero contemporáneo no está en elegir entre la máquina y la intuición, sino en aprender a que ambas conversen.