No nos iremos hasta recuperar los cuerpos
Los sismos provocaron el colapso de 190 edificios y daños en 856 inmuebles, con estimaciones de la NASA sugiriendo hasta 58.870 estructuras afectadas en la región más golpeada. Se desplegaron 29.567 efectivos de seguridad, 4.388 rescatistas internacionales y 28.362 voluntarios locales, rescatando 6.462 personas vivas de los escombros hasta el momento.
- 3.685 muertos, 16.740 heridos, 17.907 sin vivienda
- 190 edificios colapsados, 856 dañados, estimaciones de NASA sugieren 58.870 estructuras afectadas
- 1.076 réplicas complicando operaciones de rescate
- 6.462 personas rescatadas vivas; ONU estima 50.000 desaparecidas
- Daños económicos estimados en 6.700 millones de dólares
Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio, dejando 3.685 muertos, 16.740 heridos y más de 17.900 personas sin vivienda. La catástrofe destruyó 190 edificios y generó una emergencia humanitaria con más de 1.000 réplicas complicando los rescates.
El 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela en rápida sucesión, dejando un rastro de destrucción que se extendía desde La Guaira hasta las comunidades circundantes. Cuando los números finales comenzaron a consolidarse días después, la cifra de muertos alcanzó 3.685 personas. Junto a ellos, 16.740 heridos fueron atendidos en hospitales desbordados, y 17.907 personas se encontraban sin hogar, buscando refugio en campamentos improvisados o en las calles.
La magnitud del colapso estructural fue inmediata y visible. Ciento noventa edificios se desmoronaron completamente, mientras que otros 856 sufrieron daños severos. Las imágenes satelitales de la NASA revelaron un panorama aún más desolador: estimaciones preliminares sugerían que entre 58.870 estructuras podrían estar destruidas o gravemente dañadas en la región más afectada. La ciudad portuaria de La Guaira, epicentro del desastre, se convirtió en un laberinto de escombros donde equipos de rescate trabajaban contra el tiempo.
La respuesta de emergencia movilizó recursos sin precedentes. Veintinueve mil quinientos sesenta y siete efectivos de seguridad fueron desplegados en las zonas afectadas. Cuatro mil trescientos ochenta y ocho rescatistas internacionales llegaron para colaborar en las labores de búsqueda, mientras que veintiocho mil trescientos sesenta y dos voluntarios locales se sumaron a los esfuerzos. Hasta ese momento, seis mil cuatrocientos sesenta y dos personas habían sido extraídas vivas de entre los escombros, un número que ofrecía un destello de esperanza en medio de la tragedia. Sin embargo, la ONU estimaba que aproximadamente cincuenta mil personas permanecían desaparecidas, un número que superaba con creces a los rescatados.
La infraestructura humanitaria se desplegó rápidamente. Ochenta y siete campamentos transitorios fueron habilitados para albergar a los desplazados. Las autoridades distribuyeron nueve mil seiscientas tres toneladas de alimentos y suministraron más de ocho millones de litros de agua potable a poblaciones que habían quedado sin acceso a servicios básicos. Veinticinco mil novecientos setenta pacientes fueron atendidos en hospitales y centros médicos de emergencia, muchos de ellos con heridas graves causadas por el colapso de estructuras.
La tragedia trascendió las fronteras nacionales. Portugal confirmó la muerte de cien de sus ciudadanos, de los cuales ochenta y seis poseían también nacionalidad venezolana y dieciocho eran menores de edad. Cincuenta y nueve portugueses permanecían desaparecidos. El aeropuerto internacional Simón Bolívar, ubicado en La Guaira, sufrió daños significativos, aunque fue parcialmente reactivado para operaciones humanitarias. Especialistas estadounidenses en control aéreo y personal militar del Comando Sur colaboraron en la gestión de vuelos y operaciones logísticas.
Pero los terremotos no cesaron. Mil setenta y seis réplicas fueron registradas en los días posteriores, cada una complicando las operaciones de rescate y manteniendo a los equipos de emergencia en alerta constante. El riesgo de nuevos derrumbes obligó a evacuar áreas vulnerables y limitó el acceso a zonas con grandes acumulaciones de escombros. En Caraballeda, Lázaro Rubio permanecía en los restos de un edificio buscando a su esposa e hijas, su testimonio reflejando el de decenas de familias que denunciaban la lentitud de la respuesta inicial y la falta de recursos en las primeras horas del desastre. "No nos iremos hasta recuperar los cuerpos", declaró, expresando la determinación de quienes se negaban a abandonar la búsqueda.
La Organización de las Naciones Unidas estimó que el costo económico de la catástrofe ascendía a seis mil setecientos millones de dólares. La agencia para refugiados de la ONU solicitó fondos adicionales para proporcionar protección y asistencia a treinta mil personas durante los próximos seis meses. Mientras tanto, miles de personas permanecían en refugios temporales o acampaban en las inmediaciones de edificios destruidos, a la espera de noticias sobre familiares desaparecidos, en una espera que parecía no tener fin.
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¿Cómo es posible que después de rescatar a más de seis mil personas, la ONU estime que cincuenta mil siguen desaparecidas?
Los números son confusos porque "desaparecido" no siempre significa "bajo los escombros". Muchas personas se dispersaron, buscaron refugio en otras ciudades, o simplemente no han sido registradas. Pero también hay quienes están efectivamente atrapados en estructuras que aún no han sido excavadas.
¿Por qué las réplicas son tan problemáticas si ya pasó el terremoto principal?
Porque cada réplica puede derribar lo que quedó en pie. Un edificio dañado pero aún de pie se convierte en una trampa mortal con cada temblor adicional. Los rescatistas no pueden trabajar con seguridad cuando el suelo sigue moviéndose.
Mil setenta y seis réplicas es un número extraordinario. ¿Eso es normal?
No. Indica que la zona está en un estado de estrés sísmico extremo. La tierra sigue ajustándose después de los dos terremotos principales. Es como si el desastre no terminara realmente.
¿Qué significa que Portugal perdiera a cien ciudadanos, muchos de ellos con doble nacionalidad?
Significa que hay comunidades portuguesas establecidas en Venezuela, probablemente en La Guaira por razones comerciales o históricas. Esos ochenta y seis que tenían ambas nacionalidades eran venezolanos de origen portugués. Los dieciocho menores sugieren familias multigeneracionales.
El testimonio de Lázaro Rubio es desgarrador. ¿Cuántas personas como él hay?
Decenas, según el reportaje. Pero probablemente cientos o miles. Cada persona desaparecida tiene una familia esperando. Lo que hace notable el caso de Rubio es que fue documentado, que su voz fue escuchada. La mayoría de los otros permanecen en silencio.
¿Seis mil setecientos millones de dólares en daños es recuperable?
Eso depende de Venezuela. Es una cifra enorme para cualquier país, pero especialmente para uno que ya enfrenta crisis económica. La reconstrucción tomará años, si es que ocurre completamente.