Diferencias cerebrales explican por qué el párkinson afecta más a hombres

El párkinson afecta a 9,4 millones de personas en el mundo, con mayor incidencia y progresión más severa en hombres que en mujeres.
Las células de soporte del cerebro gestionan la energía y protegen las conexiones de manera distinta
Hallazgo clave que explica por qué hombres y mujeres experimentan el párkinson de formas biológicamente diferentes.

Durante décadas, la mayor vulnerabilidad masculina al párkinson fue un enigma sin respuesta clara. Investigadores de la Universidad de Saarland han hallado que las células cerebrales de soporte —astrocitos y oligodendrocitos— funcionan de manera biológicamente distinta en hombres y mujeres frente a la enfermedad, revelando que no se trata solo de quién enferma más, sino de cómo cada cerebro gestiona el daño. Este descubrimiento, presentado en Barcelona ante la comunidad neurocientífica europea, abre la puerta a una medicina que deje de tratar a todos los pacientes como si fueran idénticos.

  • El párkinson afecta a 9,4 millones de personas en el mundo y los hombres lo desarrollan entre una y dos veces más que las mujeres, con deterioro cognitivo más rápido y síntomas que progresan con mayor severidad.
  • Análisis de muestras cerebrales post mortem revelan que las células de soporte del cerebro masculino y femenino responden al daño de formas fundamentalmente diferentes, especialmente en la gestión de energía y la protección de las fibras nerviosas.
  • Las mujeres con párkinson temprano presentaban cambios en la metilación del ADN en 69 regiones del genoma, mientras que los hombres solo en dos, evidenciando que la enfermedad opera por vías biológicas distintas según el sexo.
  • La investigadora Julia Schulze-Hentrich advierte que la ciencia debe analizar los datos por separado para hombres y mujeres, algo que muchos estudios aún no hacen, y que se necesitan muestras más amplias para consolidar estos hallazgos.
  • Si se confirman y amplían estos resultados, los médicos podrían anticipar síntomas, detectar la enfermedad antes y elegir tratamientos ajustados al perfil biológico de cada paciente.

El párkinson afecta a unos 9,4 millones de personas en el mundo y no lo hace por igual: los hombres enferman entre una y dos veces más que las mujeres, y cuando lo hacen, se deterioran más rápido. Durante décadas, nadie supo bien por qué. Ahora, investigadores de la Universidad de Saarland en Alemania creen haber encontrado parte de la respuesta.

El equipo de la doctora Julia Schulze-Hentrich comenzó estudiando muestras de sangre de trabajadores agrícolas con párkinson temprano. Descubrieron que las mujeres con la enfermedad presentaban cambios en la metilación del ADN —un mecanismo que regula la intensidad con que se expresan los genes— en 69 regiones del genoma, mientras que los hombres solo en dos. La señal era clara: hombres y mujeres estaban experimentando la enfermedad de maneras biológicamente distintas.

Para profundizar, analizaron muestras cerebrales post mortem de 73 personas con párkinson y las compararon con 24 sin la enfermedad, examinando cinco regiones cerebrales y cuatro tipos de células. Encontraron que, aunque todos los cerebros activaban respuestas comunes de estrés, las células de soporte —astrocitos y oligodendrocitos— mostraban patrones de actividad génica diferentes según el sexo. Los astrocitos masculinos y femeninos gestionaban la energía celular de forma distinta; los oligodendrocitos, encargados de proteger las fibras nerviosas, también divergían. Estas diferencias aparecían en todas las regiones estudiadas.

Schulze-Hentrich subraya que comprender estas divergencias biológicas permitiría a los médicos predecir síntomas con mayor precisión, detectar la enfermedad antes y elegir tratamientos más ajustados a cada paciente. Para lograrlo, la investigación debe cambiar: los datos de hombres y mujeres deben analizarse por separado, y se necesitan estudios con muestras más amplias. Solo entonces será posible personalizar realmente el tratamiento del párkinson.

El párkinson destruye el cerebro lentamente, célula tras célula, año tras año. Afecta a unos 9,4 millones de personas en todo el mundo, y ese número crece conforme envejece la población. Pero no afecta a todos por igual. Los hombres enferman entre una vez y media y dos veces más que las mujeres, y cuando lo hacen, se deterioran más rápido. Durante décadas, nadie supo bien por qué.

Ahora, investigadores de la Universidad de Saarland en Alemania creen haber encontrado parte de la respuesta. El cerebro masculino y el femenino responden de manera distinta a la enfermedad. No es solo que los hombres sean más vulnerables; es que sus células cerebrales gestionan el daño de formas fundamentalmente diferentes. Los hallazgos, presentados en el Foro 2026 de la Federación de Sociedades Europeas de Neurociencia en Barcelona, sugieren que los tratamientos del futuro deberían reconocer estas diferencias biológicas en lugar de tratar a todos los pacientes como si fueran idénticos.

La investigación comenzó con un descubrimiento anterior. La doctora Julia Schulze-Hentrich y su equipo estudiaron muestras de sangre de trabajadores agrícolas, incluyendo 71 personas con párkinson temprano y 147 controles sanos. Encontraron que las mujeres con la enfermedad presentaban cambios en la metilación del ADN en 69 regiones del genoma, mientras que los hombres mostraban cambios en solo dos. La metilación del ADN no modifica los genes en sí, sino que actúa como un regulador, aumentando o disminuyendo la intensidad con la que se expresan. Esto sugería que hombres y mujeres estaban experimentando la enfermedad de maneras biológicamente distintas.

Para profundizar, el equipo analizó muestras cerebrales post mortem de 73 personas con párkinson (28 mujeres y 45 hombres) y las comparó con 24 personas sin la enfermedad (9 mujeres y 15 hombres). Examinaron cinco regiones cerebrales diferentes y estudiaron cómo se expresaban los genes en cuatro tipos de células: neuronas, astrocitos, oligodendrocitos y microglía. Las neuronas son las células que comunican información. Las otras tres son células de soporte que mantienen y protegen a las neuronas.

Lo que encontraron fue un patrón complejo. El párkinson provoca cambios comunes en el cerebro sin importar el sexo: todas las células mostraban signos de estrés y activaban proteínas especiales llamadas chaperonas que ayudan a que las proteínas dañadas se plieguen correctamente. Pero debajo de esa respuesta universal había diferencias importantes. En los astrocitos, la actividad de los genes relacionados con las mitocondrias (las estructuras que producen energía en las células) era distinta entre hombres y mujeres. En los oligodendrocitos, los genes implicados en la formación y mantenimiento de la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas, también mostraban patrones diferentes según el sexo. Estas diferencias aparecían en todas las regiones cerebrales estudiadas.

Schulze-Hentrich explica que el hallazgo es significativo porque revela dónde reside parte del misterio. El párkinson desencadena respuestas de estrés comunes, pero las células de soporte del cerebro, aquellas que gestionan la energía y protegen las conexiones nerviosas, funcionan de manera distinta en hombres y mujeres. Esto podría explicar por qué los hombres experimentan un deterioro cognitivo más rápido y una progresión más acelerada de las dificultades en la vida diaria.

Los beneficios prácticos son claros. Si los médicos entienden que la biología varía entre sexos, pueden predecir qué síntomas son más probables en cada paciente, detectar problemas antes y elegir tratamientos que se ajusten mejor al perfil de riesgo individual. Pero para que esto suceda, la investigación debe cambiar. Schulze-Hentrich subraya que los científicos deben analizar los datos por separado para hombres y mujeres en lugar de agruparlos, algo que muchos estudios aún no hacen. También señala que el número de muestras analizadas en este trabajo fue relativamente pequeño, y que se necesita un esfuerzo coordinado para estudiar más casos, estratificados por sexo. Solo entonces podremos entender completamente cómo la biología sexual moldea la enfermedad y cómo personalizaremos realmente su tratamiento.

El análisis específico por sexo puede ayudar a los médicos a predecir qué síntomas son más probables, a detectar problemas con mayor antelación y a elegir tratamientos que se ajusten mejor al perfil de riesgo de cada paciente
— Doctora Julia Schulze-Hentrich, Universidad de Saarland
La biología dependiente del sexo puede influir en la vulnerabilidad al párkinson, y el estudio de las diferencias de sexo puede ayudar a identificar mecanismos de la enfermedad que quedarían ocultos en análisis que agrupan a hombres y mujeres
— Doctora Julia Schulze-Hentrich
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa que el párkinson afecte más a hombres si al final es la misma enfermedad?

Model

Porque no es la misma enfermedad a nivel celular. Los hombres se deterioran más rápido. Si entendemos por qué, podemos intervenir antes.

Inventor

Pero dijeron que encontraron cambios comunes en todos los cerebros. ¿Dónde está la diferencia entonces?

Model

La diferencia está en cómo las células de soporte responden. En los hombres, la gestión de energía en los astrocitos funciona de otra manera. En las mujeres, es distinto. La enfermedad es igual, pero el terreno donde crece no lo es.

Inventor

¿Eso significa que un hombre y una mujer necesitarían medicinas diferentes?

Model

Potencialmente, sí. O al menos dosis diferentes, o un timing diferente para intervenir. Ahora mismo tratamos a todos igual. Eso es lo que podría cambiar.

Inventor

¿Qué tan seguros están de esto? ¿Cuántas personas estudiaron?

Model

Analizaron 73 cerebros con párkinson y 24 sin la enfermedad. No es un número grande. Por eso Schulze-Hentrich insiste en que necesitan más muestras. Pero lo que encontraron fue consistente en cinco regiones cerebrales distintas.

Inventor

¿Y si resulta que las diferencias que encontraron no importan tanto como creen?

Model

Es posible. Por eso el siguiente paso es replicar esto con más datos. Pero el patrón es claro: hombres y mujeres no responden igual. Ignorar eso sería un error.

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