En el umbral de una nueva administración colombiana, el presidente electo Abelardo De La Espriella confía la dirección de la Unidad Nacional de Protección a Didier Fabián Blanco Rodríguez, un profesional formado en psicología y derecho penal que llega con la misión de restaurar la confianza en una institución cuya credibilidad ha sido erosionada. Su nombramiento encarna una promesa antigua y difícil: que el Estado proteja por igual todas las vidas, sin que el poder o la marginalidad determinen quién merece seguridad.