En La Habana, el presidente Díaz-Canel convocó a empresarios privados para trazar los límites de una convivencia necesaria pero tensa: la del interés particular y el proyecto colectivo. El encuentro, que se repetirá de forma sistemática, revela que Cuba reconoce al sector privado como actor indispensable de su economía, pero exige que sus ganancias nazcan del trabajo real y no de la especulación o la evasión. Es, en el fondo, una pregunta que muchas sociedades se hacen: ¿puede el lucro privado alinearse con el bien común sin que uno destruya al otro?