El desierto comenzó a formarse veinte millones de años antes de lo que la ciencia creía
En las profundidades del tiempo geológico, el desierto de Atacama guarda una historia más antigua de lo que la ciencia había imaginado. Un equipo de investigadores publicó en Nature que el proceso de aridificación de la región más seca del mundo fuera de los polos comenzó hace cuarenta millones de años, el doble de lo que el consenso académico sostenía. Este hallazgo, vinculado a un enfriamiento global posterior al Óptimo Climático del Eoceno Temprano, no solo reescribe la cronología de un desierto, sino que obliga a repensar los mecanismos por los cuales la Tierra construye sus paisajes más extremos.
- El consenso científico sobre el origen del Atacama se sostuvo durante décadas sobre una fecha equivocada: el desierto comenzó a secarse 20 millones de años antes de lo que se creía.
- La publicación en Nature sacude los fundamentos de la geología climática, pues los mecanismos que se consideraban causas del desierto resultan ser apenas factores de intensificación tardía.
- El hallazgo conecta el nacimiento del Atacama con el enfriamiento global que siguió al Óptimo Climático del Eoceno Temprano, abriendo una línea de investigación sobre fuerzas climáticas mucho más antiguas.
- La Universidad de Glasgow advierte que estos resultados exigen reconsiderar desde el principio cómo se forman los desiertos extremos en todo el planeta.
- Con el agua volviéndose un recurso crítico a escala global, entender cómo la vida persistió durante 40 millones de años en condiciones de extrema aridez se convierte en una pregunta urgente y práctica.
El desierto de Atacama, extendido por más de cien mil kilómetros cuadrados entre Chile, Perú, Bolivia y Argentina, es el lugar no polar más árido del planeta: apenas quince milímetros de lluvia al año, concentrados en pocos días. En esos breves momentos, el desierto florece. Fuera de ellos, es uno de los entornos más hostiles de la Tierra, y precisamente por eso los astrónomos lo han convertido en un observatorio privilegiado.
Durante décadas, la ciencia situaba el inicio de su aridificación en el Mioceno temprano, hace entre quince y veinte millones de años. Esa era la línea de tiempo aceptada. Un equipo vinculado a la Universidad de Glasgow acaba de desplazarla de manera radical: según un estudio publicado en Nature, el proceso de secado comenzó hace cuarenta millones de años. No es un matiz; son veinte millones de años de historia geológica que habían pasado inadvertidos.
Los investigadores señalan que ese período coincide con una fase de enfriamiento global ocurrida justo después del Óptimo Climático del Eoceno Temprano. Esto implica que los mecanismos que la ciencia proponía como causas del Atacama no lo crearon, sino que simplemente lo profundizaron más tarde. La comprensión de cómo nacen los desiertos extremos debe, por tanto, reconstruirse desde sus cimientos.
Más allá de la corrección histórica, el descubrimiento tiene peso práctico. El Atacama es un laboratorio único para entender cómo la vida se adapta a la escasez extrema de agua, una pregunta que el cambio climático vuelve cada vez más urgente. Este nuevo marco no cierra un capítulo de la geología: abre varios sobre la resiliencia de la vida, la transformación de los ecosistemas y los límites de la supervivencia.
El desierto de Atacama, que se extiende por más de cien mil kilómetros cuadrados atravesando Chile y asomándose hacia Perú, Bolivia y Argentina, lleva el título de región más árida del mundo fuera de los polos. Es un lugar donde casi no llueve: apenas quince milímetros anuales, y esos caen concentrados en unos pocos días. Cuando el agua llega, el desierto estalla en flores durante una semana o dos, el único momento en que la vida tiene lo que necesita para germinar. Los astrónomos lo han convertido en un observatorio natural, un sitio privilegiado para mirar hacia el espacio desde una de las regiones menos pobladas del continente.
Lo que los científicos creían saber sobre este desierto acaba de cambiar. Durante décadas, el consenso académico situaba el comienzo de la aridificación del Atacama en el Mioceno temprano, hace entre quince y veinte millones de años. Esa era la línea de tiempo aceptada. Pero un equipo de investigadores, varios de ellos vinculados a la Universidad de Glasgow, publicó recientemente en la revista Nature un estudio que retrocede esa fecha de manera dramática: el proceso de secado, según sus hallazgos, comenzó hace cuarenta millones de años.
La diferencia no es un matiz académico. Son veinte millones de años de historia geológica que la ciencia había pasado por alto. Los investigadores señalan que este período coincide con una fase de enfriamiento global que sucedió inmediatamente después del Óptimo Climático del Eoceno Temprano, una época cálida que terminó hace aproximadamente cincuenta millones de años. Lo que esto sugiere es que los mecanismos climáticos que los científicos habían propuesto para explicar el secado del Atacama no fueron los que lo iniciaron, sino apenas los que lo intensificaron después.
La implicación es profunda. Si el Atacama comenzó a formarse hace cuarenta millones de años, entonces nuestra comprensión de cómo nacen los desiertos extremos necesita ser reconsiderada desde el principio. Los procesos que creíamos responsables de crear estas regiones áridas resultan ser más recientes, más superficiales en términos geológicos, que lo que realmente ocurrió. La Universidad de Glasgow enfatizó que estos hallazgos "exigen una reconsideración de cómo se forman los desiertos y ofrecen una nueva perspectiva sobre la evolución a largo plazo de los entornos más extremos de la Tierra".
Pero el valor de este descubrimiento va más allá de la corrección histórica. El Atacama es un laboratorio natural para entender cómo la vida se adapta a condiciones de extrema escasez de agua. Mientras el planeta enfrenta cambios climáticos y la disponibilidad de agua se vuelve cada vez más crítica en muchas regiones, comprender cómo evolucionaron los paisajes más secos del mundo y cómo la vida logró persistir en ellos se vuelve fundamental. Este nuevo marco climático, establecido por el estudio, abre la puerta a responder preguntas que la humanidad aún no ha resuelto completamente: cómo se adapta la vida a la escasez extrema, cómo cambian los ecosistemas cuando el agua desaparece, qué mecanismos permiten que algo sobreviva donde casi nada debería poder hacerlo. La investigación no cierra un capítulo; abre varios nuevos.
Notable Quotes
Los hallazgos exigen una reconsideración de cómo se forman los desiertos y ofrecen una nueva perspectiva sobre la evolución a largo plazo de los entornos más extremos de la Tierra— Universidad de Glasgow
Los hallazgos establecen un nuevo marco climático para una de las regiones con mayor escasez de agua del planeta, fundamental para vincular la evolución del paisaje con la adaptación de la vida en condiciones extremas— Universidad de Glasgow
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué importa tanto que el Atacama haya comenzado a secarse hace cuarenta millones de años en lugar de hace veinte?
Porque cambia completamente nuestra comprensión de los mecanismos que crean desiertos. Si nos equivocamos en veinte millones de años, significa que los procesos que creíamos responsables no fueron los que iniciaron el secado, sino solo los que lo aceleraron después.
¿Qué nos dice el hecho de que coincida con un enfriamiento global después del Eoceno Temprano?
Sugiere que el enfriamiento global fue el detonante real. Los científicos habían propuesto otros mecanismos, pero este hallazgo apunta a que el clima global fue el factor fundamental, no las características locales que antes enfatizaban.
¿Cómo descubrieron algo que la ciencia había pasado por alto durante tanto tiempo?
Probablemente mediante nuevas técnicas de análisis geológico o reexaminación de evidencia antigua con herramientas modernas. El estudio está en Nature, así que debe haber sido bastante riguroso.
¿Qué significa esto para entender cómo la vida se adapta en lugares como el Atacama?
Significa que la vida ha tenido cuarenta millones de años, no veinte, para evolucionar estrategias de supervivencia en la extrema aridez. Eso cambia cómo pensamos sobre la resiliencia biológica y la adaptación a condiciones límite.
¿Tiene relevancia para el cambio climático actual?
Indirectamente, sí. Si entendemos mejor cómo los desiertos extremos se formaron y cómo la vida persiste en ellos, podemos anticipar mejor cómo los ecosistemas responderán a cambios climáticos futuros.