En 1994, un guardabosques australiano descendió por cuerdas hacia un cañón remoto y encontró, sin buscarlo, un árbol que la ciencia daba por extinto desde hacía dos millones de años. El Wollemia nobilis, contemporáneo de los dinosaurios, había permanecido vivo y oculto a apenas 150 kilómetros de Sídney, recordándonos que el planeta guarda secretos profundos incluso en los márgenes de nuestras ciudades. Su redescubrimiento no fue obra de una expedición oficial, sino de la curiosidad silenciosa de un hombre en su tiempo libre.