Desde las profundidades del tiempo cósmico, un viajero antiguo ha cruzado nuestro vecindario solar portando un mensaje químico de hace más de nueve mil millones de años. El cometa interestelar 3I/ATLAS, el más luminoso de su clase jamás observado, se formó alrededor de una estrella que existía cuando el universo era aún joven, según un análisis publicado en Nature Astronomy. Por primera vez, la humanidad ha podido leer la huella dactilar isotópica de un objeto nacido fuera del Sistema Solar, abriendo una ventana hacia mundos que precedieron al Sol en más del doble de su edad.