Bajo las piedras de los acantilados costeros de Valparaíso, la naturaleza guardaba un secreto con ocho patas. Investigadores chilenos han dado nombre formal a la Homoeomma vicenterojasi, una tarántula de tamaño mediano hallada en Cartagena y San Antonio, cuya existencia amplía el mapa de la vida arácnida del país y recuerda que la biodiversidad aún espera ser leída en los rincones que nadie suele mirar. El hallazgo, publicado en la Revista Ibérica de Aracnología, lleva el nombre de un niño chileno como testimonio de que el descubrimiento científico es también un acto humano y afectivo.