En el corazón de la cuenca del Congo, entre dos ríos que han actuado durante millones de años como fronteras invisibles de la evolución, la ciencia acaba de poner nombre a una criatura que los bosques ya conocían. El Colobus congoensis —llamado Likweli por quienes han vivido a su sombra— emerge como testimonio de que la naturaleza guarda secretos más antiguos que la memoria humana, y como advertencia de que esos secretos pueden extinguirse antes de ser comprendidos.