En los sótanos de uno de los museos más célebres del mundo, un calamar capturado hace setenta años aguardaba en silencio a que alguien lo mirara de verdad. Científicos españoles del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona descubrieron que aquel espécimen antártico, mal clasificado desde los años cincuenta, representaba no solo una especie nueva sino una familia biológica completamente desconocida para la ciencia, la primera en su tipo reconocida en tres décadas. El hallazgo, bautizado Mobydickia poseidonii, nos recuerda que los grandes misterios de la vida no siempre esperan en territorios