En los confines del universo más joven, una galaxia primitiva guardaba una reserva de gas de proporciones extraordinarias, y los astrónomos acaban de encontrarla. Este hallazgo no es solo un dato astronómico: es una invitación a reconsiderar la velocidad y la fuerza con que el cosmos se construyó a sí mismo en sus primeros capítulos. Lo que creíamos saber sobre el crecimiento de las galaxias antiguas podría necesitar ser reescrito.