Planetas que desafían la lógica fundamental de cómo debería funcionar la gravedad
A 1.110 años luz de la Tierra, en la constelación de Volans, dos planetas del tamaño de Júpiter flotan en el cosmos con una densidad comparable a la del algodón de azúcar, desafiando lo que la física planetaria consideraba posible. TOI-791 b y c, descubiertos por un equipo internacional liderado desde Oxford, pertenecen a una familia rarísima de gigantes gaseosos cuyas atmósferas colosales ocupan un volumen enorme con apenas una fracción de la masa esperada. Su existencia no es solo una curiosidad astronómica: es una pregunta abierta sobre los mecanismos más profundos que dan forma a los mundos.
- Dos planetas del tamaño de Júpiter pero treinta veces más ligeros sacuden los modelos estándar de formación planetaria, pues la gravedad debería haberlos comprimido mucho más.
- Sus densidades de 0,038 y 0,047 g/cm³ los convierten en los objetos planetarios más etéreos jamás hallados orbitando la misma estrella, un hallazgo sin precedente directo.
- La interacción gravitatoria mutua entre ambos mundos —pequeños tirones orbitales— fue la clave que permitió a los científicos medir sus masas reales con precisión inusual.
- Los investigadores debaten entre dos explicaciones: una migración desde las zonas frías del sistema con atmósferas infladas preservadas, o un mecanismo interno que impide la compresión de sus capas superiores.
- El estudio, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, abre una ventana rara hacia los procesos más extremos y mal comprendidos de la evolución planetaria.
Si Júpiter ya es el coloso de nuestro sistema solar, imagine un planeta de su mismo tamaño pero treinta veces más ligero y ciento veinte veces menos denso que la Tierra. Eso es exactamente lo que un equipo internacional de astrónomos acaba de confirmar: dos mundos reales, no especulativos, que orbitan una estrella a 1.110 años luz en la constelación de Volans.
TOI-791 b y TOI-791 c son gigantes gaseosos con diámetros comparables al de Júpiter, pero con masas tan escasas que su densidad —apenas 0,038 y 0,047 gramos por centímetro cúbico— lleva a los científicos a compararlos, sin ironía, con el algodón de azúcar. Pertenecen a una familia planetaria conocida como 'super-puff planets': mundos envueltos en atmósferas descomunales de hidrógeno y helio que ocupan un volumen enorme con muy poca masa, como un globo gigantesco inflado con apenas unas bocanadas de aire.
Georgina Dransfield, de la Universidad de Oxford y autora principal del estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, subraya que lo verdaderamente excepcional no es solo la rareza de cada planeta por separado, sino encontrar dos de ellos orbitando la misma estrella. Además, ambos se atraen gravitatoriamente entre sí, y esas pequeñas variaciones orbitales permitieron calcular sus masas reales con una precisión poco habitual.
Lo que nadie sabe aún es cómo llegaron a ser así. Una hipótesis apunta a que nacieron lejos de su estrella, donde el frío facilitó acumular enormes cantidades de gas, y luego migraron hacia el interior conservando esas atmósferas infladas. Otra sugiere que algún mecanismo interno mantiene calientes sus capas superiores, resistiendo la compresión gravitatoria. Por ahora, TOI-791 b y c permanecen como una pregunta abierta sobre los procesos más extremos que moldean los planetas gigantes.
Si pudiéramos colocar a Júpiter en una báscula cósmica, el indicador se detendría en aproximadamente 1,9 × 10²⁷ kilogramos. Es el coloso de nuestro sistema solar, una esfera de hidrógeno y helio cuya densidad media alcanza 1,33 gramos por centímetro cúbico, apenas cuatro veces menor que la de la Tierra a pesar de estar compuesto casi enteramente por gases. Ahora imagine un planeta del mismo tamaño que Júpiter, pero treinta veces más ligero y ciento veinte veces menos denso que nuestro mundo rocoso. Eso no es especulación. Un equipo internacional de astrónomos acaba de descubrirlo.
Los dos mundos en cuestión son TOI-791 b y TOI-791 c, gigantes gaseosos que orbitan una estrella a unos 1.110 años luz de distancia, en la constelación de Volans. Sus diámetros rivalizan con el de Júpiter, pero sus masas son apenas fragmentos de la del gigante solar. El resultado es una densidad de apenas 0,038 y 0,047 gramos por centímetro cúbico, tan baja que los científicos los comparan sin ironía con el algodón de azúcar. Los hallazgos, publicados en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, describen uno de los sistemas planetarios más extraños jamás observados.
La pregunta que surge es inevitable: ¿cómo puede existir semejante cosa? Un planeta del tamaño de Júpiter debería contener suficiente materia para que su propia gravedad comprimiera los gases y aumentara su densidad. Estos dos mundos desafían esa lógica fundamental. Georgina Dransfield, de la Universidad de Oxford, quien encabeza el estudio, los clasifica dentro de una familia rara conocida como "super-puff planets" o planetas superesponjosos: gigantes envueltos por atmósferas colosales de hidrógeno y helio que ocupan un volumen descomunal pero contienen muy poca masa. Es como inflar un globo gigantesco con apenas unas bocanadas de aire.
Jon Jenkins, jefe científico del Centro de Operaciones de Procesamiento Científico del Centro de Investigación Ames de la NASA en Silicon Valley, explica la perplejidad que genera este descubrimiento: la razón principal por la que estos planetas merecen estudio es que los científicos no esperaban encontrarlos en absoluto. Representan un enigma fundamental sobre cómo se forman los gigantes gaseosos y los superplanetas. Hasta ahora se conocían algunos ejemplos aislados, como WASP-193b, descubierto en 2024, cuya densidad también evocaba el algodón de azúcar. Pero encontrar dos gigantes ultraligeros orbitando la misma estrella es algo excepcional. Lo más notable es que ambos interactúan gravitatoriamente entre sí, ejerciendo pequeños tirones mutuos cada vez que completan una órbita alrededor de su estrella. Esas diminutas variaciones permitieron a los científicos calcular con gran precisión sus masas reales.
La gran pregunta sigue siendo cómo llegaron a ser así. Una hipótesis sugiere que estos planetas nacieron muy lejos de su estrella, donde las bajas temperaturas facilitaron la acumulación de enormes cantidades de hidrógeno y helio. Posteriormente habrían migrado hacia el interior del sistema, conservando esas atmósferas extraordinariamente infladas. Otra posibilidad es que algún mecanismo interno mantenga calientes sus capas superiores, impidiendo que la gravedad las comprima. Por ahora, los astrónomos siguen sin respuestas definitivas, pero estos dos mundos de algodón de azúcar prometen revelar secretos fundamentales sobre cómo nacen y evolucionan los planetas gigantes.
Citações Notáveis
La razón principal por la que estos planetas merecen estudio es que no esperábamos encontrarlos en absoluto. Representan un enigma que debemos resolver sobre cómo se forman los planetas gigantes.— Jon Jenkins, jefe científico del Centro de Investigación Ames de la NASA
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué es tan raro encontrar planetas así? Parece que deberían existir más si la física lo permite.
Porque la física que conocemos sugiere que no deberían existir en absoluto. Un planeta del tamaño de Júpiter debería tener suficiente masa para comprimirse a sí mismo. Encontrar dos de estos es como encontrar dos agujeros negros en tu patio trasero.
¿Y cómo saben con certeza cuál es su masa si están tan lejos?
Porque se orbitan mutuamente. Cada vez que pasan uno frente al otro, se jalan ligeramente, y esos tirones microscópicos revelan exactamente cuánta masa tienen. Es como pesar algo por cómo afecta a lo que está cerca.
¿Entonces podrían haber viajado desde otro lugar del sistema?
Esa es la teoría más plausible ahora. Nacieron donde hacía frío, acumularon enormes atmósferas de gas, y luego se desplazaron hacia adentro. Como si alguien inflara un globo en el congelador y lo llevara al salón.
¿Qué pasa si esa teoría es incorrecta?
Entonces hay algo en el interior de estos planetas que estamos completamente equivocados en entender. Algo que mantiene esas atmósferas infladas sin permitir que la gravedad las comprima. Eso sería aún más extraño.