Descubren cuál es el mecanismo molecular que explica el “efecto rebote” de las dietas

El cuerpo lucha contra la pérdida de peso de forma activa
Los investigadores descubrieron que las células grasas mantienen una memoria epigenética que resiste el adelgazamiento.

Durante décadas, el efecto rebote tras una dieta fue interpretado como una falla moral del individuo. Un estudio internacional publicado en Nature revela que las células grasas conservan una memoria epigenética del estado de obesidad anterior, alterando su actividad genética de manera persistente incluso después de perder peso. Este hallazgo, validado en ratones y en humanos sometidos a cirugía bariátrica, desplaza la culpa del carácter hacia la biología, y convoca a repensar el tratamiento de la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica con raíces moleculares profundas.

  • Las células grasas no olvidan: mantienen patrones genéticos alterados por la obesidad durante hasta una década, el tiempo promedio que viven antes de ser reemplazadas.
  • Cuando el cuerpo recupera acceso a alimentos ricos en grasas, esa memoria epigenética actúa como un acelerador, haciendo que el peso regrese más rápido que en quienes nunca fueron obesos.
  • Por ahora, ningún fármaco puede borrar estas marcas epigenéticas en el núcleo celular, lo que deja a millones de personas atrapadas en un ciclo biológico que la voluntad sola no puede romper.
  • Especialistas en nutrición advierten que los tratamientos deben ser integrales y sostenidos en el tiempo, apuntando no solo a bajar de peso sino a evitar el efecto yo-yó desde una perspectiva celular y ambiental.
  • El descubrimiento abre una nueva frontera terapéutica: intervenciones que modifiquen directamente las marcas epigenéticas del tejido adiposo, aunque aún se encuentran en fases iniciales de investigación.
  • La ciencia refuerza lo que la OMS ya señalaba: una pérdida de peso saludable implica reducir el 10% del sobrepeso en seis meses y mantenerlo cinco años, un horizonte que ahora tiene explicación molecular.

Cuando alguien recupera los kilos perdidos después de meses de esfuerzo, la explicación popular siempre fue la misma: falta de voluntad. Un estudio publicado en Nature, firmado por investigadores de Suiza, España, Alemania y Suecia, propone una respuesta diferente y más incómoda: las células grasas recuerdan.

El equipo, liderado desde el Laboratorio de Epigenética Metabólica y Nutrición de la ETH Zurich, descubrió que la obesidad deja marcas epigenéticas en el núcleo de las células adiposas que no desaparecen al adelgazar. En experimentos con ratones, los animales que habían sido obesos recuperaban peso mucho más rápido que aquellos que nunca lo habían sido, al volver a una dieta rica en grasas. El mismo patrón se encontró en humanos, a través de biopsias de tejido adiposo de pacientes sometidos a cirugía bariátrica en hospitales de Suecia y Alemania.

Lo que hace especialmente duradera esta memoria es la longevidad de las propias células: viven en promedio diez años antes de ser reemplazadas, lo que significa que el cuerpo puede cargar con esa predisposición durante una década entera. Por ahora, no existe ningún fármaco capaz de borrar esas marcas, aunque los investigadores no descartan que sea posible en el futuro.

Especialistas en nutrición consultados coincidieron en que el hallazgo reencuadra la obesidad como una enfermedad crónica y recidivante, no como un problema de disciplina personal. Señalaron que los tratamientos deben ser integrales y sostenidos, combinando cambios de hábitos con estrategias que contemplen la dimensión molecular del problema. También advirtieron sobre el riesgo de los entornos obesogénicos —acceso fácil a ultraprocesados, sedentarismo, desinformación nutricional— que se suman a la memoria celular para cerrar el círculo del efecto yo-yó.

El estudio no ofrece una solución inmediata, pero sí una comprensión más honesta del problema: bajar de peso es difícil, mantenerlo es aún más difícil, y ahora la ciencia sabe por qué.

Cuando una persona baja de peso después de meses o años de esfuerzo, a menudo descubre que los kilos vuelven con sorprendente rapidez. Se llama efecto rebote o yo-yó, y durante décadas se atribuyó a la falta de disciplina o voluntad del individuo. Un nuevo estudio publicado en la revista Nature sugiere que la culpa no recae en la persona, sino en la memoria de sus propias células grasas.

Investigadores de Suiza, España, Alemania y Suecia han identificado el mecanismo molecular que explica por qué el cuerpo lucha contra la pérdida de peso sostenida. El hallazgo central es que las células adiposas mantienen patrones de actividad genética alterados incluso después de que alguien ha adelgazado. Estas células no olvidan el estado de obesidad anterior. Ferdinand von Meyenn, del Laboratorio de Epigenética Metabólica y Nutrición de la ETH Zurich, explicó a Infobea que el estudio subraya la importancia de la prevención: una alimentación más sana, actividad física regular, y sobre todo, no llegar a la obesidad en primer lugar.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron células adiposas de ratones con sobrepeso y de aquellos que habían perdido peso mediante dieta. Descubrieron que la obesidad provoca cambios epigenéticos característicos en el núcleo de las células grasas, y lo crucial es que estos cambios persisten incluso después de adelgazar. Cuando los ratones volvían a tener acceso a una dieta rica en grasas, recuperaban peso más rápidamente que aquellos que nunca habían sido obesos. Los investigadores también encontraron evidencia de este mismo mecanismo en humanos. Analizaron biopsias de tejido adiposo de personas con sobrepeso que se habían sometido a cirugía de reducción de estómago o bypass gástrico en el Instituto Karolinska de Estocolmo y en hospitales de Leipzig, Dresde y Karlsruhe. Los resultados coincidieron con los hallazgos en ratones.

Laura Hinte, integrante del equipo de von Meyenn, señaló que las células grasas son longevas: viven en promedio diez años antes de que el cuerpo las reemplace por células nuevas. Esto significa que la memoria epigenética puede persistir durante una década. Por ahora, los investigadores aclararon que no es posible borrar esta memoria epigenética con fármacos. No se pueden modificar las marcas epigenéticas relevantes en el núcleo celular para eliminar la memoria. Hinte comentó que quizá eso sea algo que puedan hacer en el futuro, pero por el momento, hay que vivir con este efecto memoria.

Virginía Busnelli, médica especialista en nutrición con orientación en obesidad, valoró el estudio y señaló que el hallazgo sugiere que las células grasas mantienen modificaciones en su ADN que predisponen a la recuperación del peso perdido. Enfatizó que es fundamental considerar que la pérdida de peso no solo depende de cambios en la alimentación y el ejercicio, sino también de cambios celulares y moleculares. Los tratamientos deberían enfocarse en estrategias más integrales y a largo plazo que no solo favorezcan la pérdida de peso sino que también apunten a evitar el efecto yo-yo. El estudio abre la posibilidad de desarrollar terapias que modifiquen esas marcas epigenéticas en las células adiposas, aunque estas intervenciones aún están en fases iniciales de investigación.

Mónica Katz, médica especialista en nutrición y directora de la diplomatura de obesidad de la Universidad Favaloro, destacó que estudios anteriores ya habían sugerido la existencia de una memoria epigenética, pero este nuevo trabajo detalla el mecanismo molecular. Katz enfatizó que la obesidad es una enfermedad crónica y recidivante que requiere tratamiento constante. Cuando las personas abandonan las consultas con profesionales o se someten a procedimientos como la lipoescultura sin cambios de hábitos, pueden volver a ganar peso por este mecanismo. Los resultados refuerzan la necesidad de crear ambientes que eviten que las personas recuperen el sobrepeso perdido o que prevengan la obesidad en primer lugar.

Esos ambientes deben promover el acceso a alimentos saludables, a la actividad física, y a buena información nutricional. Silvio Schraier, vicedirector de la Carrera de Especialización en Nutrición de la Fundación Barceló, recordó que históricamente se sabía que bajar de peso es más fácil que mantenerlo. Un descenso de peso saludable, según la Organización Mundial de la Salud, implica reducir el 10% del sobrepeso original en seis meses y mantenerlo durante cinco años. Schraier advirtió que se tiende a creer que las dietas de moda funcionan sin recuperación de kilos, pero el nuevo estudio detalla que existe una memoria obesogénica que se combina con un ambiente obesogénico, facilitando el consumo de productos que favorecen la recuperación del sobrepeso. Lo recomendable es aprender a manejar la cantidad y la calidad de los alimentos, junto con actividad física diaria.

Nuestro estudio subraya la importancia de la prevención, es decir, una alimentación más sana y menos, la actividad física y el enfoque general en no volverse obeso en primer lugar
— Ferdinand von Meyenn, ETH Zurich
La obesidad es una enfermedad crónica y recidivante que requiere tratamiento constante
— Mónica Katz, Universidad Favaloro
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el cuerpo se resiste tanto a mantener el peso perdido si la persona sigue comiendo bien y haciendo ejercicio?

Model

Porque las células grasas tienen memoria. Cuando alguien fue obeso, esas células grabaron cambios en su ADN que persisten incluso después de adelgazar. Es como si el cuerpo dijera: "Yo recuerdo cómo era antes, y quiero volver a eso".

Inventor

¿Eso significa que es imposible mantener el peso?

Model

No es imposible, pero es más difícil de lo que creemos. El cuerpo lucha activamente contra la pérdida de peso. Por eso no es un fracaso de voluntad, sino una batalla biológica real.

Inventor

¿Cuánto tiempo dura esa memoria en las células?

Model

Las células grasas viven alrededor de diez años. Así que esa memoria puede persistir durante una década. Después, el cuerpo las reemplaza por células nuevas que no tienen ese historial.

Inventor

¿Hay alguna forma de borrar esa memoria ahora?

Model

No. Los investigadores no pueden modificar esas marcas epigenéticas con medicamentos actuales. Pero el descubrimiento abre la puerta a futuras terapias que sí podrían hacerlo.

Inventor

Entonces, ¿qué pueden hacer las personas ahora?

Model

Prevención, principalmente. No llegar a la obesidad es mucho más fácil que recuperarse de ella. Y si alguien ya fue obeso, necesita tratamiento constante y ambientes que apoyen hábitos saludables, no solo dietas puntuales.

Inventor

¿Qué tipo de ambientes?

Model

Acceso a alimentos saludables, espacios para hacer actividad física, información clara sobre lo que se come. Las bebidas azucaradas, por ejemplo, son un impulsor importante de la obesidad. Sin cambiar el entorno, es casi imposible mantener el peso a largo plazo.

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