En las cumbres heladas de los Andes, un pequeño roedor reescribe lo que la ciencia creía saber sobre los límites de la vida. El ratón orejudo andino, capaz de habitar desde el nivel del mar hasta los 6.739 metros, no sobrevive a la hipoxia extrema modificando su hemoglobina como se esperaba, sino potenciando la maquinaria metabólica de sus músculos para generar calor con oxígeno escaso. Este hallazgo, publicado en Science, nos recuerda que la naturaleza rara vez elige el camino que los humanos anticipamos, y que la adaptación puede tomar formas tan diversas como los paisajes que la forjan.