En el cruce entre la genética y la neurociencia, un equipo internacional ha trazado un mapa más honesto de la esquizofrenia: no como el fallo de unos pocos genes aislados, sino como el resultado de redes coordinadas de al menos 641 genes que dialogan a distancia en el cerebro. Publicado en Nature Genetics y construido sobre datos de más de cien mil personas, este hallazgo desafía décadas de metodología convencional y abre una pregunta más profunda sobre cómo la biología distribuida da forma a la mente. La promesa que emerge no es solo científica, sino humana: tratamientos que reconozcan la sin