Durante milenios, la montaña fue considerada un umbral que la humanidad prehistórica no cruzaba. Ahora, investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona han documentado diez mil años de presencia humana continua en los Pirineos, por encima de los dos mil metros, demostrando que las alturas no eran refugio del olvido sino escenario de vida sostenida. Este hallazgo no solo reescribe la arqueología europea, sino que revela que el paisaje pirenaico que hoy contemplamos es, en esencia, una obra humana acumulada a lo largo de generaciones incontables.