Cada movimiento está coordinado, cada intervención sincronizada
Argentina lidera diálogos en la OEA con EE.UU., consolidando alianza estratégica tras cambio de postura política respecto a 2024. Ramdin bajo presión por designación de jefa de gabinete acusada de corrupción; EE.UU. retiene contribución de 47 millones de dólares.
- Argentina lidera diálogos en la OEA con EE.UU., consolidando alianza estratégica tras cambio de postura política respecto a 2024
- Ramdin bajo presión por designación de jefa de gabinete acusada de corrupción; EE.UU. retiene contribución de 47 millones de dólares
- Aproximadamente dieciocho países —casi la mitad de los treinta y cinco miembros— comparten preocupaciones geopolíticas con Washington
- 56 Asamblea General en Ciudad de Panamá enfocará en crisis en Cuba, Venezuela, Haití, Nicaragua y Bolivia; procesos electorales en Colombia y Perú
La Argentina participa en la 56 Asamblea General de la OEA en Panamá alineada con preocupaciones estadounidenses sobre seguridad regional, mientras el secretario general Albert Ramdin enfrenta presiones por controversias de transparencia.
En junio de 2024, cuando Javier Milei llevaba apenas meses en el poder, la Argentina llegó a la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos en Asunción con una postura que sorprendió: se apartó deliberadamente de los temas que dominaban la agenda continental y terminó aislada en el foro. Dos años después, el panorama es irreconocible. La Argentina entra esta semana a la 56 Asamblea General en Ciudad de Panamá como parte de un grupo de aproximadamente dieciocho países —casi la mitad de los treinta y cinco miembros del organismo— que, sin funcionar como un bloque formal, comparten preocupaciones geopolíticas y de seguridad prácticamente idénticas a las de Washington. El cambio refleja una alianza estratégica consolidada entre Buenos Aires y Estados Unidos, y una reconfiguración regional que ha transformado la posición argentina en el organismo.
La inquietud que une a este grupo de naciones es notable en su especificidad: la situación en Cuba, Venezuela, Haití, Nicaragua y Bolivia genera alarma común, así como los procesos electorales en marcha en Colombia y Perú. Según fuentes con acceso a las dinámicas internas de la OEA, la Argentina no solo participa en este alineamiento sino que lidera conversaciones entre varios miembros y Estados Unidos, el mayor contribuyente financiero del organismo. El subsecretario de Estado norteamericano Christopher Landau, quien fue embajador en México y conoce profundamente la región, asistirá a la Asamblea. Su relación con el canciller argentino Pablo Quirno funciona, según describen fuentes cercanas, como una orquesta sinfónica: cada movimiento está coordinado, cada intervención sincronizada.
Pero la Asamblea que comienza este lunes está marcada por una crisis que amenaza la autoridad del secretario general de la OEA, el surinamés Albert Ramdin. Su jefa de gabinete, Xaviera Jessurun, fue obligada a renunciar tras una designación que generó indignación generalizada. Jessurun estaba imputada en Surinam por corrupción, fraude y blanqueo de capitales, acusaciones vinculadas a su rol como directiva de la Compañía de Aviación Surinamesa en 2022. Ramdin la nombró a pesar de estas imputaciones, una decisión que violó lo que los miembros consideran una práctica ética fundamental del organismo. El daño no fue solo reputacional: Estados Unidos, que aporta aproximadamente el cincuenta por ciento del presupuesto ordinario de la OEA, ejerció presión directa para forzar su salida y, en paralelo, ha retenido su contribución anual de cerca de cuarenta y siete millones de dólares.
La designación de Jessurun fue rechazada de manera transversal por los países miembros, sin que ideología alguna explicara la reacción. Lo que preocupaba era más fundamental: la confianza política en Ramdin se erosionó, particularmente con Washington. El embajador estadounidense ante la OEA, Leandro Rizzuto Jr., un empresario cercano a Trump, ya estaba en fricción con Ramdin por intentos de ejercer supervisión más estricta sobre los gastos del organismo. La crisis de Jessurun profundizó esa tensión. Según un colaborador externo de la OEA que habló bajo anonimato, mientras crece la demanda de mayor transparencia y austeridad, Ramdin responde con evasivas y generalidades cuando se le cuestionan ciertos gastos.
Los temas que dominarán la Asamblea de tres días incluyen el proceso de estabilización en Haití, la crisis política que sacude al gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia y las denuncias de violaciones de derechos humanos en Nicaragua bajo Daniel Ortega. También habrá atención especial en dos procesos electorales regionales: el de Perú, donde dos semanas después del balotaje aún se espera el resultado oficial entre la candidata de derecha Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, y el de Colombia, que este domingo define en segunda vuelta entre el progresista Iván Cepeda y el conservador Abelardo de la Espriella.
La Argentina, que en 2024 había mostrado objeciones fuertes a la Agenda 2030 por sus posiciones en derechos humanos y género, ahora llega con intereses alineados con Paraguay, Ecuador, Chile, Bolivia, El Salvador, Guatemala, República Dominicana, Honduras, Panamá y varios estados caribeños. El cambio de postura es completo. Según fuentes del organismo, la Asamblea buscará mantener el foco público exclusivamente en los temas regionales, aunque la situación de Ramdin será inevitable en los pasillos del Centro de Convenciones Atlapa.
La cuestión de fondo es si Ramdin puede reconstruir la confianza política con Estados Unidos después de la Asamblea. No hay plazos establecidos para ese proceso, pero es seguro que surgirán exigencias de mayor transparencia y rendición de cuentas. El presupuesto 2026-2027 será aprobado durante la Asamblea con crecimiento nominal cero, en un contexto donde los gastos operativos han aumentado por la inflación en Estados Unidos. Washington aún no ha entregado su contribución de cuarenta y siete millones de dólares, lo que representa prácticamente la mitad del gasto corriente del organismo. La tensión presupuestaria y la crisis de confianza convergen en un momento donde la geopolítica regional está en movimiento y la capacidad de la OEA para responder depende, en buena medida, de si su liderazgo puede restaurar los estándares de transparencia que la crisis de Jessurun puso en cuestión.
Notable Quotes
El esquema funciona como una orquesta sinfónica por el nivel de sintonía en la relación bilateral entre Estados Unidos y la Argentina— Fuente con conocimiento cercano del vínculo
A la mayoría de los países miembros les cayó mal la designación de Jessurun, eso es algo transversal, no tiene que ver con un tema ideológico— Fuente en el organismo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Argentina cambió tan radicalmente su postura en la OEA entre 2024 y ahora?
El cambio refleja una alianza estratégica consolidada con Estados Unidos bajo Milei. En 2024 se apartó de la agenda continental; ahora lidera conversaciones entre países que comparten preocupaciones de seguridad con Washington.
¿Qué tiene que ver la crisis de Ramdin con todo esto?
Ramdin designó a una asesora acusada de corrupción en su país. Estados Unidos, que financia el cincuenta por ciento de la OEA, ejerció presión para forzar su salida y retuvo cuarenta y siete millones de dólares. Erosionó la confianza política.
¿Es solo un problema de transparencia o hay algo más profundo?
Es ambos. Ramdin violó una práctica ética fundamental del organismo, pero también refleja una pulseada más amplia: Washington quiere supervisión más estricta de gastos, y Ramdin responde con evasivas.
¿Qué espera Argentina de esta Asamblea?
Participar como parte de un grupo alineado con preocupaciones estadounidenses sobre Cuba, Venezuela, Haití, Nicaragua y Bolivia. También monitorear procesos electorales en Colombia y Perú.
¿Puede Ramdin reconstruir la confianza con Estados Unidos?
Formalmente sí, pero no hay plazos. Lo que es seguro es que habrá exigencias de mayor transparencia. La tensión presupuestaria y la crisis de confianza convergen en un momento donde la geopolítica regional está en movimiento.