El problema de fondo es la falta de plata y la falta de producción
Bolivia atraviesa una crisis de combustible que revela, con claridad dolorosa, la fragilidad de una economía dependiente del exterior: tres buques cargueros permanecen anclados en el puerto chileno de Arica desde finales de septiembre, mientras cientos de cisternas quedan inmovilizadas por bloqueos de carreteras en el interior del país. YPFB rechaza toda responsabilidad operacional y señala a los piquetes de sectores afines a Evo Morales como causa inmediata de la escasez, pero voces expertas advierten que detrás del caos visible yace un problema más antiguo: la falta de divisas y la incapacidad del país de producir el combustible que necesita.
- Tres buques con miles de barriles de combustible llevan semanas anclados en Arica sin completar su descarga, mientras Bolivia importa el 86% del diésel y el 56% de la gasolina que consume.
- Más de veinte piquetes de bloqueo, concentrados en Cochabamba y tendidos por simpatizantes de Evo Morales, han partido al país en dos e inmovilizado unas 500 cisternas en las carreteras.
- El impacto golpea la vida cotidiana: estaciones de servicio vacías, transportistas urbanos en protesta en La Paz, y dificultades para distribuir alimentos y servicios esenciales en múltiples ciudades.
- YPFB atribuye la crisis a los bloqueos y no a fallos de importación, pero un exfuncionario advierte que levantar los piquetes no resolverá el problema estructural de fondo: escasez de divisas y baja producción local.
- El Gobierno promete intervenir gradualmente los bloqueos, aunque cada día que pasa la crisis se profundiza y las preguntas sobre responsabilidades siguen sin respuesta clara.
Bolivia lleva meses con una crisis de combustible que en las últimas dos semanas alcanzó un punto crítico. Tres buques cargueros —el Fourni, el Cururo y el Largo Edén— permanecen anclados en el puerto chileno de Arica desde finales de septiembre y principios de octubre, sin haber completado su descarga. La imagen de esos barcos varados condensa la vulnerabilidad de un país que importa el 86% del diésel y el 56% de la gasolina que consume.
En conferencia de prensa, Ariel Montaño, vicepresidente de Operaciones de YPFB, reconoció la existencia de los buques pero rechazó cualquier acusación de negligencia. Según su versión, las operaciones portuarias han funcionado con normalidad y el verdadero obstáculo está dentro de Bolivia: más de veinte piquetes de bloqueo, levantados por sectores afines a Evo Morales en protesta por medidas económicas y en defensa del expresidente —quien enfrenta cargos penales graves—, han dividido el país e inmovilizado unas 500 cisternas en las carreteras.
El impacto en la vida cotidiana es inmediato. El Ministerio de Trabajo decretó jornada laboral continua en cuatro ciudades para reducir el tráfico vehicular. Los transportistas urbanos de La Paz bloquearon calles para exigir combustible y ajustes tarifarios. Las estaciones de servicio advierten sobre desabastecimiento, y la distribución de alimentos y servicios esenciales se ve comprometida en múltiples ciudades.
Sin embargo, un exfuncionario de YPFB que pidió anonimato advierte que resolver los bloqueos no bastará. El problema de fondo, señala, es estructural: falta de divisas y una producción local de combustible que no alcanza para sostener al país. Los piquetes son reales y causan daño, pero son síntoma de una enfermedad más profunda que ningún despeje de rutas resolverá por sí solo. Mientras el Gobierno promete actuar, los buques siguen anclados y las cisternas, detenidas.
Bolivia lleva meses enfrentando una crisis de combustible que se ha intensificado dramáticamente en las últimas dos semanas. La escasez de diésel y gasolina no es nueva en el país, pero ahora ha alcanzado un punto crítico: tres buques cargueros permanecen anclados en el puerto chileno de Arica desde finales de septiembre, esperando descargar miles de barriles destinados a abastecer el mercado interno boliviano. El Fourni llegó el 30 de septiembre, el Cururo y el Largo Edén entre esa fecha y el 8 de octubre. Hasta ahora, ninguno ha completado su operación de descarga.
La presencia de estos buques varados es el síntoma más visible de un problema que toca múltiples capas de la economía boliviana. El país importa el 86 por ciento del diésel que consume y el 56 por ciento de la gasolina, lo que lo hace profundamente vulnerable a cualquier interrupción en la cadena de suministro. Esa vulnerabilidad se ha convertido en crisis real: alrededor de 500 cisternas de combustible están atascadas en las carreteras bolivianas, incapaces de llegar a sus destinos.
En una conferencia de prensa el jueves pasado, Ariel Montaño, vicepresidente de Operaciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, reconoció la existencia de los tres buques pero rechazó categóricamente cualquier sugerencia de negligencia o retrasos operacionales. Según su versión, la descarga de uno de los buques fue parcial, y en los últimos tres meses la empresa ha logrado descargar un barco cada quince días, operando a capacidad máxima. Para Montaño, el verdadero culpable no está en los puertos ni en las operaciones de importación, sino en la interrupción del tránsito dentro de Bolivia.
Esa interrupción es real y masiva. Sectores afines a Evo Morales han establecido al menos veinte piquetes de bloqueo, concentrados principalmente en el departamento de Cochabamba, en protesta por medidas económicas y políticas, y en defensa del expresidente, quien enfrenta acusaciones penales por trata de personas y estupro. Los bloqueos han dividido el país: el oriente y occidente están incomunicados. Lo que comenzó hace dos semanas como cuatro cortes de ruta se ha multiplicado hasta convertirse en una parálisis de la distribución.
La crisis se extiende más allá de las fronteras. En el norte de Chile, trabajadores de Quiborax, la tercera productora de boro a nivel mundial, están en huelga tras una resolución que ordenó paralizar las operaciones mineras hasta el 31 de diciembre por daños ambientales. Esto añade presión adicional sobre las operaciones portuarias en Arica, el punto de entrada crítico para el combustible importado.
El impacto en la vida cotidiana es inmediato y generalizado. El Ministerio de Trabajo ha decretado una semana de jornada laboral continua en cuatro ciudades para reducir el flujo vehicular. Los transportistas urbanos de La Paz realizaron su propio bloqueo el miércoles para protestar contra la falta de diésel y exigir ajustes en las tarifas. Las estaciones de servicio muestran carteles advirtiendo sobre la falta de combustible. Los alimentos y servicios esenciales enfrentan dificultades de distribución.
Un exfuncionario de YPFB que pidió anonimato ofrece una perspectiva que va más allá de la disputa sobre responsabilidades inmediatas. Según su análisis, la interrupción en la distribución es un problema circunstancial cuya solución no aborda el verdadero desafío estructural que enfrenta Bolivia. El problema de fondo, dice, es la falta de divisas y la baja producción local de combustible. Los bloqueos son reales y están causando daño, pero son síntoma de una enfermedad más profunda que ningún levantamiento de piquetes resolverá por sí solo.
Mientras el Gobierno promete una intervención gradual de los bloqueos, la realidad es que la crisis se ha masificado con cada día que pasa. Los tres buques siguen anclados en Arica. Las cisternas siguen atascadas en las carreteras bolivianas. Y la pregunta que permanece sin respuesta clara es si la solución está en despejar las rutas o en resolver los problemas económicos más profundos que han dejado a Bolivia dependiente de importaciones que no puede financiar ni distribuir.
Citas Notables
El desabastecimiento no tiene que ver con la importación o el uso de la terminal en Arica, sino con una afectación derivada de la interrupción al libre tránsito en territorio nacional— Ariel Montaño, vicepresidente de Operaciones de YPFB
El problema de fondo es la falta de plata y la falta de producción— Exfuncionario de YPFB (anónimo)
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué YPFB insiste en que las operaciones fueron regulares si hay tres buques anclados desde hace casi un mes?
Porque técnicamente tienen razón en una parte. Los buques llegaron, y según ellos, uno se descargó parcialmente. El problema es que esa descarga parcial no es suficiente, y la verdadera pregunta es por qué no se completó.
¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta?
Eso depende de a quién le creas. YPFB dice que es por los bloqueos en Bolivia. Los bloqueos son reales, pero un exfuncionario dice que el problema real es más antiguo: Bolivia simplemente no tiene suficientes dólares para importar lo que necesita.
Entonces, ¿levantar los bloqueos resolvería la crisis?
Parcialmente. Despejaría las rutas y permitiría que el combustible que ya está en el país llegue a donde necesita ir. Pero no resolvería el hecho de que hay tres buques esperando porque Bolivia no puede pagar por más importaciones.
¿Cuánto combustible está atascado en las carreteras?
Alrededor de 500 cisternas. Es una cantidad enorme. Si eso llegara a las ciudades, aliviaría la crisis inmediatamente. Pero mientras los piquetes sigan en pie, esas cisternas no se mueven.
¿Quién está ganando con esta situación?
Nadie. Los transportistas pierden dinero. Las ciudades pierden servicios. El Gobierno está bajo presión. Los que protestan están presionando por cambios políticos y económicos. Es una crisis donde todos pierden algo.
¿Cuál es el final probable de esto?
Probablemente una combinación: el Gobierno intenta despejar los bloqueos, se levanta parte del combustible atascado, y la crisis se suaviza temporalmente. Pero sin resolver el problema de las divisas y la producción local, volverá a ocurrir.