Desde la consulta de un dermatólogo español emerge una verdad que la industria cosmética preferiría silenciar: la protección solar más eficaz no se compra en una farmacia, sino que se practica con gestos tan antiguos como la civilización misma. El doctor Jorge Soto recuerda que la ropa y la sombra son barreras físicas que no caducan, no se disuelven con el sudor ni exigen disciplina de reaplicación, mientras que las cremas y cápsulas, útiles pero limitadas, han ocupado un lugar en el imaginario colectivo que no les corresponde del todo. En el fondo, su mensaje es una invitación a recuperar la