Las máquinas comienzan a ocupar el lugar de los soldados en misiones complejas
Estados Unidos utilizó por primera vez una embarcación autónoma para atacar instalaciones, demostrando que los drones navales evolucionan de vigilancia a capacidades ofensivas directas. Ucrania realizó un desembarco anfibio completamente robótico donde un dron marino transportó un vehículo terrestre armado sin participación de soldados en la operación.
- Estados Unidos realizó el primer ataque con dron naval propio mediante la Task Force 59
- Ucrania ejecutó el primer desembarco anfibio completamente robótico con la 123.ª Brigada de Defensa Territorial
- Aeronaves híbridas de Squire cuestan aproximadamente un millón de dólares y operan sin tripulación
En 72 horas, Estados Unidos realizó el primer ataque con dron naval, Ucrania ejecutó el primer desembarco anfibio robótico y se presentaron aeronaves híbridas, marcando la transformación de la guerra mediante sistemas autónomos e inteligencia artificial.
En setenta y dos horas, tres hechos sin precedentes ocurrieron casi simultáneamente en diferentes teatros de operaciones. Estados Unidos lanzó su primer ataque con un dron naval propio. Ucrania ejecutó lo que los especialistas consideran el primer desembarco anfibio completamente robótico del que existe registro. Y una empresa estadounidense presentó una nueva generación de aeronaves híbridas capaces de patrullar extensiones marítimas amplias sin necesidad de tripulación. Estos tres episodios, analizados por el especialista internacional Andrei Serbin Pont en un programa de televisión, no son hechos aislados sino manifestaciones de una transformación profunda en la forma en que los Estados conciben y ejecutan sus operaciones militares.
La Task Force 59, la unidad de la Armada estadounidense especializada en sistemas no tripulados, protagonizó el primer caso. Lo que distingue este ataque es que la embarcación autónoma fue configurada específicamente para destruir instalaciones, una capacidad que hasta hace poco tiempo se limitaba a vigilancia, reconocimiento y apoyo logístico. No se trata de un dron suicida ucraniano del tipo que opera en el mar Negro, sino de una plataforma multipropósito norteamericana que, para esta misión en particular, fue convertida en lo que podría describirse como una lancha bomba de un solo uso. Semanas antes, la misma embarcación había realizado otra operación inédita: rescatar a la tripulación de un helicóptero Apache derribado cerca del estrecho de Ormuz sin exponer a otros militares a riesgo. La capacidad de emplear un mismo vehículo para misiones de rescate, patrullaje o ataque evidencia el salto tecnológico que están alcanzando estas plataformas.
Esta evolución plantea dilemas nuevos para la defensa costera. A medida que los drones navales adoptan dimensiones similares a las de una embarcación recreativa o pesquera, la tarea de distinguir una amenaza de una lancha civil se vuelve cada vez más compleja. Las armadas enfrentarán en los próximos años la pregunta incómoda de cómo monitorear cada embarcación de pequeño porte que aparece cerca de la costa sin paralizar el tráfico marítimo legítimo.
El segundo episodio ocurrió en el frente de guerra entre Ucrania y Rusia. La 123.ª Brigada de Defensa Territorial ucraniana llevó adelante una operación que marca un punto de inflexión conceptual. Un dron marítimo transportó hasta la costa un vehículo terrestre armado con una ametralladora. Una vez en tierra, el robot comenzó a operar en una zona controlada por fuerzas rusas con tareas de hostigamiento y reconocimiento, sin que ningún soldado participara directamente en el desembarco. Lo novedoso no fue el impacto táctico de la operación, que fue limitado, sino el concepto que puso a prueba: un robot desembarcando a otro robot para iniciar una operación anfibia. Esto demuestra que ya es posible ejecutar maniobras complejas mediante sistemas completamente no tripulados, un antecedente que otras fuerzas armadas alrededor del mundo están observando y analizando con atención.
La innovación militar avanza hoy a una velocidad sin precedentes. Las tecnologías desarrolladas por un país son rápidamente observadas, adaptadas e incorporadas por otros actores, lo que acelera la evolución de los sistemas de combate. Muchas de las soluciones que Ucrania comenzó a implementar en el mar Negro ya están siendo estudiadas por distintas fuerzas armadas en otros continentes.
El tercer desarrollo involucra vehículos híbridos diseñados por la empresa estadounidense Squire. Estas plataformas combinan características de barcos y aviones, desplazándose a muy baja altura sobre la superficie del agua aprovechando el efecto suelo, un principio aerodinámico conocido desde la Guerra Fría que hoy cobra nuevo protagonismo gracias a la automatización y la inteligencia artificial. Pueden cumplir misiones de vigilancia marítima, patrullaje, búsqueda y rescate o transporte ligero con costos significativamente menores que los de un helicóptero o un avión convencional. El costo estimado de estas plataformas ronda el millón de dólares, una cifra baja para los estándares del presupuesto militar estadounidense y competitiva frente a otras alternativas en desarrollo. Estas soluciones podrían resultar especialmente útiles para controlar el tráfico marítimo en zonas sensibles como el Pacífico o el Caribe, donde Estados Unidos concentra esfuerzos para combatir el narcotráfico.
Lo que une estos tres episodios es una realidad más profunda: la automatización ya no se limita a asistir a las fuerzas armadas, sino que comienza a reemplazar a las personas en tareas de reconocimiento, rescate, patrullaje e incluso combate. Las democracias tienden a invertir cada vez más en tecnologías que reduzcan las bajas propias, una lógica que responde a una verdad incómoda: en las democracias las vidas son más caras que en las no democracias. Esa realidad explica buena parte del impulso que reciben hoy la inteligencia artificial, la robótica y los vehículos no tripulados en los principales programas de defensa. Las máquinas ya no solo complementan a los soldados, sino que comienzan a ocupar su lugar en algunas de las misiones más complejas. Esa transición ya está en marcha y promete redefinir las guerras de las próximas décadas.
Notable Quotes
En las democracias las vidas son más caras que en las no democracias— Andrei Serbin Pont, analista internacional
Si la guerra es inevitable y tenés que elegir entre mandar cinco personas o enviar una lancha sin tripulación, hay una reducción enorme del costo humano— Gonzalo Aziz, conductor del programa
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué estos tres eventos ocurrieron en apenas setenta y dos horas? ¿Fue coincidencia o hay algo más profundo?
No fue coincidencia. Refleja una aceleración tecnológica real. Cuando una nación desarrolla una capacidad, otras la observan inmediatamente y comienzan a adaptarla. Lo que Ucrania hizo en el mar Negro, Estados Unidos lo estudia. Lo que Estados Unidos prueba, otras armadas lo analizan. Es un ciclo de innovación que se retroalimenta.
¿Cuál es la diferencia real entre lo que hizo Estados Unidos y lo que hizo Ucrania?
Estados Unidos demostró que un dron naval puede atacar instalaciones fijas. Ucrania demostró que un robot puede desembarcar a otro robot sin intervención humana. Estados Unidos mostró capacidad ofensiva directa. Ucrania mostró coordinación compleja entre sistemas autónomos. Son dos aspectos diferentes de la misma transformación.
¿Qué pasa con los civiles? Si una lancha pequeña se parece a un dron naval, ¿cómo distinguen una de la otra?
Ese es el dilema que enfrentarán las armadas. No hay respuesta fácil. Monitorear cada embarcación pequeña que aparece cerca de la costa es prácticamente imposible. Las defensas costeras tendrán que desarrollar nuevos protocolos, nuevas tecnologías de identificación. Es un problema sin solución obvia.
¿Esto significa que los soldados desaparecerán de la guerra?
No desaparecerán, pero su rol cambiará. Los sistemas autónomos asumen las tareas más peligrosas y repetitivas. Los soldados se concentran en decisiones complejas, en operaciones que requieren juicio humano. Es una redistribución de funciones, no una eliminación.
¿Las democracias tienen ventaja en esto?
Sí, porque invierten más en tecnología para reducir bajas propias. En una democracia, cada soldado muerto es un costo político. En otros sistemas, ese costo es menor. Eso impulsa a las democracias a invertir en máquinas que reemplacen personas. Es una lógica brutal pero clara.