En los mercados de metales preciosos, el tiempo se ha detenido momentáneamente: el oro y la plata aguardan, suspendidos entre el alivio diplomático en Oriente Medio y la palabra aún no pronunciada de la Reserva Federal. Como ha ocurrido tantas veces en la historia del dinero, el valor del refugio depende menos del metal en sí que de la confianza —o el miedo— que lo rodea. La decisión que tome la Fed esta semana no solo moverá precios; revelará qué tan frágil o sólido es el suelo sobre el que descansa la economía global.