Detrás de dos palabras que aprendemos en la infancia —por favor y gracias— la psicología positiva ha encontrado un mapa de la fortaleza interior. Investigaciones del Instituto Europeo de Psicología Positiva y del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos coinciden en que quienes practican la gratitud de forma habitual desarrollan mayor resiliencia, vínculos más sanos y menor vulnerabilidad ante el estrés. Lo que parecía un simple gesto de urbanidad resulta ser, en realidad, un ejercicio cotidiano de humildad, interdependencia y capacidad para seguir adelante.