En Neuquén, lo que comenzó como la mirada atenta de dos técnicos sobre computadoras descartadas durante la pandemia se ha convertido en REN, una cooperativa que procesa 30 toneladas anuales de residuos electrónicos y devuelve vida útil a máquinas que el mundo había dado por muertas. Su historia no es solo la de un emprendimiento exitoso, sino la de una comunidad que aprendió a ver valor donde otros veían basura. En el cruce entre la necesidad ambiental y la oportunidad económica, REN propone que cuidar la tierra y generar trabajo no son caminos opuestos, sino el mismo.