Antes de tomar posesión, el presidente electo colombiano Abelardo de la Espriella anuncia el cierre de catorce embajadas y quince consulados, trazando una nueva geometría diplomática para su país. La medida no es solo un ejercicio de austeridad: es también una declaración de valores, pues con Cuba y Nicaragua Colombia romperá todo vínculo, calificándolas de tiranías. Lo que se retira de la burocracia exterior, promete De la Espriella, regresará como inversión en los más vulnerables.