David Afkham se despide de la Orquesta Nacional con la Novena de Mahler

Su música sigue resonando dentro de nosotros después del finale
Afkham explica por qué eligió la Novena de Mahler para despedirse de la Orquesta Nacional.

Durante doce años, David Afkham transformó la Orquesta Nacional de España desde la escucha y la confianza mutua, llegando casi por azar y partiendo con la grandeza silenciosa de Mahler. Su despedida no es un cierre sino una entrega: la de un director que creyó en el sonido oscuro e intenso de una orquesta y la llevó, por primera vez, a los escenarios más exigentes de Europa. El relevo que llega —Kent Nagano— no es una ruptura, sino la confirmación de que algo fue bien construido.

  • Afkham eligió la Novena de Mahler como despedida precisamente porque esa música no pide aplauso: se disuelve en silencio, como toda despedida verdadera.
  • Tres conciertos en Madrid, uno en Granada y un debut histórico en los BBC Proms comprimen en pocas semanas el peso simbólico de una década entera.
  • Las más de 5.000 localidades del Royal Albert Hall se agotaron, señal de que la visibilidad internacional que Afkham persiguió está, al fin, materializándose.
  • La transición hacia Nagano se gestiona sin consejos ni tutelas: Afkham cree que cada maestro debe trazar su propio camino, y esa generosidad es en sí misma un legado.
  • Quedan dos deudas reconocidas —una academia de transmisión y mayor proyección audiovisual— que el director nombra no como fracasos, sino como tareas que otros deberán completar.

David Afkham llegó a la Orquesta Nacional de España en septiembre de 2011 sin haberlo planeado: una llamada de urgencia para sustituir a un director convaleciente lo colocó ante una orquesta que, desde el primer ensayo, sintió como propia. Aquella Quinta de Chaikovski improvisada fue el inicio de una relación que duraría doce años.

Nombrado director principal con apenas treinta años, Afkham construyó su liderazgo sobre una idea sencilla pero exigente: la batuta no suena, lo que suena es una respiración compartida. Ese enfoque camerístico dio frutos en Beethoven, Brahms, Bruckner, Shostakóvich y en producciones operísticas que dejaron huella, como El holandés errante junto a Bryn Terfel.

Para cerrar esta etapa eligió la Novena de Mahler, una partitura que, según él, se asoma a lo desconocido y cuyas últimas notas se funden en un silencio que no invita al aplauso. La dirigirá en tres conciertos consecutivos en el Auditorio Nacional de Madrid y luego en el Palacio de Carlos V durante el Festival de Granada.

Poco después, la orquesta viajará por primera vez a los BBC Proms de Londres, con un programa de música española —Ravel, Rodrigo y Falla— ante un Royal Albert Hall completamente agotado. Para Afkham, ese debut es la confirmación de que la calidad debe hacerse visible ante el mundo.

Kent Nagano tomará el relevo en septiembre. Afkham habló con él por teléfono pero decidió no darle consejos: considera que cada maestro debe emprender su propio camino. La próxima temporada de la OCNE girará en torno a la metáfora del árbol, símbolo de crecimiento y continuidad. El director se va reconociendo dos cuentas pendientes —una academia de transmisión y mayor proyección audiovisual— pero con la certeza de que la orquesta que deja es capaz de tocarlo todo, y de llenarlo de sentido.

David Afkham llegó a la Orquesta Nacional de España por casualidad. Era mediados de septiembre de 2011 cuando lo llamaron de urgencia para ocupar el podio en lugar de Josep Pons, quien estaba convaleciente. El director alemán, nacido en Friburgo hace 43 años, aterrizó en Madrid sin certezas sobre lo que le esperaba. Pero en el primer ensayo supo que había encontrado su lugar. "La conexión con los músicos fue inmediata y muy reveladora", recuerda durante una comida en un restaurante madrileño, evocando aquella primera Quinta de Chaikovski que marcó el inicio de una relación que duraría más de una década.

Dos años después, cuando apenas había cumplido los treinta, Afkham fue nombrado director principal de la orquesta. Durante doce años ha construido su liderazgo sobre un principio fundamental: escuchar e inspirar en lugar de imponer. "La batuta de un director no suena a nada", explica. "Lo que escuchamos es una respiración compartida". Este enfoque camerístico ha producido resultados notables en el repertorio sinfónico, especialmente en sus interpretaciones de Beethoven, Brahms, Bruckner y Shostakóvich, además de óperas de Wagner, Strauss y Berg.

Ahora, mientras prepara su despedida, Afkham ha elegido la Novena de Mahler como monumento sinfónico para cerrar esta etapa. Dirigirá la obra en tres conciertos consecutivos los días 26, 27 y 28 de junio en el Auditorio Nacional de Madrid. "Elegí esta sinfonía porque se asoma a lo desconocido", dice. "Las últimas notas del adagio se funden en un silencio sobrecogedor. Es una de esas partituras que no se prestan al aplauso: tras el finale, su música sigue resonando dentro de nosotros". El 2 de julio volverá a enfrentarse a esta exigente obra en un concierto al aire libre en el Palacio de Carlos V durante el Festival de Granada.

Poco después, el 19 de julio, la Orquesta Nacional viajará a Londres para participar por primera vez en los BBC Proms, el prestigioso festival anual de música clásica organizado por la BBC. El programa incluye la Alborada del gracioso de Ravel, el Concierto de Aranjuez de Rodrigo con el guitarrista Rafael Aguirre, y la Fantasía Bætica en la orquestación de Francisco Coll, en conmemoración del aniversario de Falla. Las más de 5.000 localidades del Royal Albert Hall se han agotado. "La calidad tiene que hacerse visible, exhibirse al mundo", celebra Afkham, quien en febrero dirigió una gira por seis ciudades de Austria y Alemania, incluida su Friburgo natal.

Afkham guarda recuerdos memorables de sus años en Madrid. Destaca El holandés errante semiescenificado junto a Bryn Terfel y Ricarda Merbeth, y la Sexta de Mahler que acaba de editarse en disco. Criado en la Selva Negra de Friburgo y actualmente residente en una zona rural cerca de Núremberg, el director considera la naturaleza como algo no negociable en su vida. "No imagino una vida sin árboles", dice.

La próxima temporada de la OCNE se articulará en torno a la metáfora del árbol como símbolo de crecimiento y relevo generacional. Kent Nagano, maestro californiano de proyección internacional, recogerá el testigo en septiembre. Afkham mantuvo una larga conversación telefónica con su sucesor pero decidió no ofrecerle consejos. "Considero que cada cual debe emprender su propio camino", aclara. "Lo importante es que un maestro del nivel y la proyección internacional de Nagano haya aceptado el cargo. Significa que hemos conseguido muchos de los objetivos que nos marcamos".

Con las maletas ya preparadas, Afkham se siente heredero y transmisor de un legado histórico de casi nueve décadas. "La Orquesta Nacional tiene un sonido muy reconocible, oscuro e intenso, pero al mismo tiempo flexible y versátil", se enorgullece. "Puede con todo: hoy una Consagración, mañana Britten, al día siguiente Händel y luego un estreno". Lo que más valora, sin embargo, va más allá de la formación técnica: "Los miembros de la OCNE están muy conectados con sus emociones. En estos tiempos tan violentos y materialistas, los músicos deben ser capaces de llenar cada nota de sentido y significado".

No todo ha sido sencillo durante estos doce años marcados por las restricciones de la pandemia, las huelgas sindicales y las tensiones internas de la renovación. Pero Afkham solo tiene palabras de agradecimiento para una institución que confió en él cuando era muy joven. El balance es "más que positivo", aunque reconoce dos cuentas pendientes: habría deseado crear una academia donde los profesores veteranos transmitieran su conocimiento, y lograr una mayor proyección audiovisual. "La orquesta y el coro merecen ser vistos y escuchados en todas partes", se sincera.

La conexión con los músicos fue inmediata y muy reveladora
— David Afkham, sobre su primer encuentro con la OCNE en 2011
La batuta de un director no suena a nada. Lo que escuchamos es una respiración compartida
— David Afkham, sobre su filosofía de dirección
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Inventor

¿Por qué eligió precisamente la Novena de Mahler para su despedida?

Model

Porque es una obra que se asoma a lo desconocido. Las últimas notas del adagio se funden en un silencio que te deja sin palabras. No es una sinfonía que invite al aplauso; después del finale, su música sigue resonando dentro de ti.

Inventor

¿Qué significa para usted que la orquesta debute en los BBC Proms después de doce años bajo su dirección?

Model

Es una validación de que la calidad tiene que hacerse visible, exhibirse al mundo. Que más de 5.000 localidades se agoten en el Royal Albert Hall demuestra que hemos conseguido muchos de los objetivos que nos marcamos.

Inventor

Usted llegó a la OCNE de forma accidental, sustituyendo a Josep Pons. ¿Cómo cambió eso su carrera?

Model

Fue revelador. En el primer ensayo sentí una conexión inmediata con los músicos. Aquella Quinta de Chaikovski dejó un sabor imborrable. A veces el destino te pone en el lugar correcto en el momento correcto.

Inventor

¿Cuál es su filosofía como director?

Model

Un líder debe tomar decisiones, pero sin llegar a imponerse. La parte más importante de mi trabajo ha consistido en escuchar e inspirar a los músicos. La batuta no suena a nada; lo que escuchamos es una respiración compartida.

Inventor

¿Qué le preocupa dejar sin resolver?

Model

Me habría gustado crear una academia donde los profesores más veteranos pudieran transmitir su conocimiento. Y también una mayor proyección audiovisual. La orquesta y el coro merecen ser vistos y escuchados en todas partes.

Inventor

¿Qué consejo le dio a Kent Nagano, su sucesor?

Model

Ninguno. Considero que cada cual debe emprender su propio camino. Lo importante es que alguien de su nivel y proyección internacional haya aceptado el cargo.

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