Cubano denuncia que le pagaron salario íntegro en billetes de 5 pesos rechazados por comercios

Trabajadores estatales quedan imposibilitados de adquirir alimentos básicos al recibir salarios en denominaciones rechazadas por comercios privados que controlan el abastecimiento.
Tiene dinero pero no tiene acceso a la comida
La paradoja de un trabajador que recibe salario en billetes que nadie acepta.

En Cuba, un trabajador estatal recibió su salario mensual íntegramente en billetes de cinco pesos —denominación que los comercios privados rechazan por su valor casi nulo— y quedó imposibilitado de comprar alimentos. El Banco Nacional alegó no disponer de billetes de mayor denominación, revelando así una paradoja que va más allá de lo administrativo: el Estado paga con una moneda que su propio entorno económico ha dejado de reconocer. Este episodio no es una anomalía, sino un síntoma del colapso de un sistema monetario donde recibir un salario ya no garantiza poder subsistir.

  • Un cubano publicó en Facebook que su banco le entregó el salario completo en billetes de cinco pesos, la denominación más despreciada del mercado, sin posibilidad de cambio.
  • Las MIPYMES, que hoy controlan el abastecimiento de alimentos en la isla, rechazan sistemáticamente los billetes de baja denominación, convirtiendo el salario estatal en papel sin utilidad práctica.
  • El salario mínimo vigente equivale a apenas 4.65 dólares, mientras que cubrir las necesidades básicas exige catorce veces el salario promedio mensual, una brecha que hace inviable la vida cotidiana.
  • Más del 50% de los cajeros de La Habana están desactivados, los límites de retiro cayeron por debajo del mínimo legal y los nuevos billetes de alta denominación siguen sin circular tres meses después de su emisión.
  • La denuncia del trabajador se convirtió en símbolo de un hartazgo colectivo: miles de empleados estatales atrapados en un sistema donde cobrar el sueldo no significa poder comer.

A principios de julio, Javier Pérez Álvarez publicó en Facebook lo que le había ocurrido: el Banco Nacional le había pagado su salario mensual íntegramente en billetes de cinco pesos. La respuesta del banco fue que no había denominaciones mayores disponibles. Lo que sonaba a excusa burocrática era, en realidad, la descripción de un callejón sin salida.

El problema no era solo el monto del salario —bajo de por sí—, sino su inutilidad práctica. Las MIPYMES, que hoy controlan el abastecimiento de alimentos en Cuba, rechazan los billetes de cinco, diez y veinte pesos por su valor ínfimo. Sin su aceptación, un trabajador con un fajo de billetes pequeños no puede comprar ni comida. Pérez Álvarez lo señaló con ironía mordaz: el Estado pagaba con una moneda que sus propios aliados comerciales rechazaban. Su conclusión fue radical: que cerraran los bancos estatales y que las MIPYMES crearan los suyos.

El caso no era aislado. En abril, un cubano había recibido más de 200,000 pesos en billetes de diez —unas 20,000 piezas físicas— equivalentes a apenas 384 dólares. La imagen se viralizó como símbolo del colapso monetario. El 2 de julio, un banco en Ciego de Ávila emitió un comunicado recordando que rechazar billetes de baja denominación era ilegal, pero la ley no se aplicaba en la práctica.

Los números confirman la profundidad de la crisis: el nuevo salario mínimo de 3,210 pesos equivale a 4.65 dólares en el mercado informal, mientras que las necesidades básicas se estiman en 96,000 pesos mensuales —catorce veces el salario promedio. Un cartón de huevos cuesta más que el salario mínimo completo. Mientras tanto, más del 50% de los cajeros de La Habana están desactivados, los límites de retiro cayeron por debajo del mínimo legal y los nuevos billetes de alta denominación emitidos en abril siguen sin llegar a manos de la mayoría.

Pérez Álvarez cerró su denuncia con una exigencia que resumía el agotamiento de miles: estaba harto de que el Estado solo supiera crear problemas. Pedía que dejaran vivir en paz al pueblo. Su mensaje no era una queja individual; era la voz de quienes descubren que cobrar un salario ya no significa poder comer.

Javier Pérez Álvarez abrió su cuenta de Facebook a principios de julio con un mensaje que capturaba la absurdidad de su situación: el Banco Nacional de Cuba acababa de depositarle su salario mensual íntegramente en billetes de cinco pesos. Cuando preguntó por qué, le dijeron que no había denominaciones mayores disponibles. Lo que parecía una respuesta administrativa era, en realidad, la puerta a un callejón sin salida económico.

El problema no era solo que el salario fuera bajo —aunque lo era—, sino que era prácticamente inutilizable. Las pequeñas y medianas empresas privadas, las MIPYMES, rechazaban sistemáticamente los billetes de cinco, diez y veinte pesos. Estos negocios controlaban ahora el abastecimiento de alimentos en la isla, una función que el Estado había abandonado hace años. Sin su aceptación, un trabajador con un fajo de billetes pequeños no podía comprar ni comida. Pérez Álvarez lo expresó con frustración creciente en sus publicaciones: los dueños de MIPYMES no aceptaban esa denominación por su valor ínfimo, y eran precisamente ellos quienes tenían el poder de alimentar a la población, aunque a precios muy altos.

La ironía que Pérez Álvarez señaló era mordaz: el Estado pagaba con una moneda que sus propios aliados comerciales rechazaban. Si los bancos estatales no tenían billetes grandes porque los MIPYMEROS los controlaban, entonces ¿para qué existían los bancos? Su conclusión fue radical: que cerraran todos los bancos estatales y que las MIPYMES crearan sus propios bancos privados, porque el sistema actual no servía para nada.

Este caso no era un accidente aislado. El 2 de julio, el Banco de Crédito y Comercio de Ciego de Ávila emitió un comunicado oficial recordando que rechazar billetes de baja denominación violaba los derechos de los ciudadanos y que todos los billetes tenían pleno poder liberatorio según la ley. Pero la ley no se aplicaba en la práctica. En abril, un cubano había recibido más de 200,000 pesos en billetes de diez pesos —aproximadamente 20,000 piezas físicas— que equivalían a apenas 384 dólares en el mercado informal. La imagen se viralizó como símbolo del colapso monetario. En diciembre de 2025, un cuentapropista en Boyeros había rechazado abiertamente billetes de cinco pesos, exigiendo solo denominaciones de 100 o más.

Los números detrás de la denuncia de Pérez Álvarez revelaban una crisis más profunda. El nuevo salario mínimo de 3,210 pesos, vigente desde julio, equivalía a apenas 4.65 dólares en el mercado informal, donde el dólar se cotizaba entre 690 y 695 pesos. El salario medio rondaba los 6,989 pesos mensuales, pero las necesidades básicas se estimaban en unos 96,000 pesos mensuales —catorce veces el promedio. Un cartón de huevos costaba entre 3,000 y 4,000 pesos, más que el salario mínimo completo.

Mientras tanto, el proyecto de bancarización que el gobierno había prometido se desmoronaba. Más del 50 por ciento de los cajeros automáticos de La Habana estaban desactivados. El Banco Metropolitano había reducido el límite de retiro de 5,000 a 3,000 pesos por operación en junio, por debajo del mínimo legal. El Banco Central había emitido nuevos billetes de 2,000 y 5,000 pesos en abril, pero tres meses después muchos cubanos aún no los habían visto.

Pérez Álvarez cerró su denuncia con una exigencia que resumía el hartazgo de miles de trabajadores estatales: estaba cansado de que el Estado solo supiera crear problemas, nunca resolverlos. Pedía que dejaran vivir en paz al pueblo. Y si el gobierno ya no podía ni controlar su propia moneda, que delegara todo de una vez. Su mensaje no era una queja aislada; era el grito de alguien atrapado en un sistema donde recibir un salario no significaba poder comer.

Si el Estado Cubano no tiene cifras mayores en los bancos, que cierren todos los bancos estatales y que las MIPIMES hagan bancos privados, porque no sirve su miserable pago
— Javier Pérez Álvarez, trabajador estatal
Estoy harto que el Estado solo encuentra cómo hacer el problema y no cómo solucionarlo. Basta de tanto abuso. Dejen que el pueblo viva en paz
— Javier Pérez Álvarez
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el banco dijo que no tenía billetes más grandes? ¿Es una escasez real o una decisión?

Model

Probablemente ambas cosas. Los MIPYMEROS controlan ahora los billetes grandes porque tienen el poder económico. El banco no tiene lo que no circula en manos privadas.

Inventor

Pero el banco podría imprimir más billetes grandes, ¿no?

Model

Sí, pero eso requeriría que el gobierno reconozca que ha perdido el control de su propia moneda. Es más fácil pagar con lo que tienen.

Inventor

¿Y por qué los comercios rechazan los billetes pequeños si la ley dice que tienen poder liberatorio?

Model

Porque la ley no tiene poder cuando el comercio tiene el hambre de la gente como rehén. Un billete de cinco pesos no compra nada. Rechazarlo es rechazar la pobreza del Estado.

Inventor

¿Qué pasa con alguien como Pérez Álvarez que recibe solo esos billetes?

Model

Queda atrapado. No puede comprar comida en los lugares que la venden. Tiene dinero pero no tiene acceso. Es una forma de pobreza que la ley no ve.

Inventor

¿Esto es nuevo o ha pasado antes?

Model

Ha pasado antes, pero ahora es sistemático. En abril alguien recibió 20,000 billetes de diez pesos. Ahora es el patrón, no la excepción.

Inventor

¿Qué quería decir Pérez Álvarez al final sobre delegar?

Model

Que si el Estado no puede controlar ni su propia moneda, que deje de fingir que puede. Que reconozca que los MIPYMEROS ya ganaron y que les deje hacer lo que quieran. Es una rendición disfrazada de exigencia.

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