En los últimos días de su mandato, el presidente colombiano Gustavo Petro eligió Cuba —y no Washington— como destino de su gira final, un gesto que condensa en pocas horas de vuelo toda una visión de soberanía, solidaridad regional y prioridades geopolíticas. La visita, programada para el 31 de julio con una duración de 48 horas, precede apenas una semana al traspaso de poder del 7 de agosto, cuando el presidente electo Abelardo de la Espriella ha prometido romper relaciones diplomáticas con La Habana. Así, lo que podría leerse como un simple viaje de cortesía se convierte en el último capítul