Cuando un país es señalado como amenaza para el orden mundial, su respuesta más íntima revela lo que considera su esencia. Cuba, enfrentando la designación internacional de patrocinador del terrorismo, no responde con argumentos legales ni diplomáticos, sino con una lista de graduados: 30,185 profesionales formados este año, entre ellos 23 médicos palestinos y 5 estadounidenses. Es una apuesta por la medicina y la educación como lenguaje moral, una invitación a medir a una nación no por las acusaciones que recibe, sino por las vidas que transforma.