En Shanghái, donde el mundo debate el futuro de la inteligencia artificial, Cuba alzó la voz no como potencia tecnológica, sino como nación que reclama un lugar digno en la arquitectura digital global. La ministra Mayra Arevich llevó al foro una convicción antigua y urgente a la vez: que las tecnologías transformadoras no deben reproducir las asimetrías del pasado, sino servir al bienestar de todos los pueblos. Al sumarse como país fundador de Waico, Cuba apuesta por un orden multipolar donde la soberanía no sea un privilegio reservado a los más poderosos.