Pierdes la vista, estás aturdido, pero te recuperas al instante
En la recta más larga de Mugello, Jorge Martín rozó los límites de lo que una motocicleta de competición puede hacer sobre el asfalto: 368,6 kilómetros por hora, una velocidad que borra momentáneamente la visión y convierte el acto de frenar en un acto de fe. El piloto madrileño no buscaba el récord, pero lo encontró, y con él quizás el último gran número de una era que el reglamento está a punto de cerrar. Antes de que los motores de 1.000cc cedan su lugar a los de 850cc, la historia del MotoGP guarda este instante como una marca que podría perdurar generaciones.
- A 368,6 km/h, Martín superó el anterior récord de 366,1 km/h con una combinación de neumáticos nuevos, rebufos aprovechados y una frenada tardía y agresiva al final de la recta.
- La experiencia física es tan extrema que al levantar la cabeza del carenado el golpe de aire lo desorienta y le provoca una pérdida temporal de visión justo antes de la curva.
- El récord llega en un momento de máxima tensión deportiva: Martín es segundo en el campeonato, a solo diecisiete puntos de su compañero Marco Bezzecchi.
- Aprilia celebra el logro como validación de su trabajo en motor, aerodinámica y estabilidad, aunque el propio piloto lo relativiza como una consecuencia del rendimiento, no como un fin.
- Con el cambio a motores de 850cc previsto para el próximo año, esta marca podría convertirse en el récord definitivo de toda la era de los 1.000cc, un hito que el tiempo consolidará.
Jorge Martín cruzó la recta de Mugello a 368,6 kilómetros por hora, estableciendo un nuevo récord de velocidad en MotoGP. El piloto madrileño de Aprilia no hace gran alarde del logro, aunque reconoce que fue algo extraordinario. Lo que quizás importa más es que esta marca podría quedar grabada como el récord definitivo de la era de los motores de 1.000cc: el próximo año, la categoría reina pasará a máquinas de 850cc, y la sensación generalizada es que los números de velocidad pura bajarán.
Martín describe la experiencia con una mezcla de admiración y realismo. En el instante en que alcanzó esa velocidad, la diferencia con ir a 320 km/h no se siente de manera dramática. Lo verdaderamente especial sucede después, cuando levanta la cabeza y sale de la protección del carenado: llega un golpe de aire tan violento que lo deja aturdido y pierde momentáneamente la visión. Cuando intenta frenar para la siguiente curva, apenas puede ver.
El madrileño insiste en que ningún piloto sale a pista pensando en romper récords. Lo que realmente importa es ser regular, preciso, mantener buen ritmo y pilotar con soltura. El récord anterior lo tenían Brad Binder y Pol Espargaró con KTM, también en Mugello pero en 2024, con 366,1 km/h. Para poner en perspectiva: un avión comercial despega entre 250 y 300 km/h, y el récord de Fórmula 1 pertenece a Valtteri Bottas con 378 km/h en Bakú.
Martín subraya que el logro no es solo fruto del motor, sino de múltiples factores: neumáticos nuevos, rebufos aprovechados en la última curva y una frenada muy tardía y agresiva. Aprilia ha hecho un trabajo magnífico en motor, estabilidad y aerodinámica. Aunque minimiza la importancia del récord en su mentalidad competitiva, admite que es una experiencia única. La velocidad pura es una consecuencia, no el objetivo. Aunque, claro, si no eres tremendamente veloz, no estás delante. Y Martín, claramente, está delante.
Jorge Martín cruzó la recta de Mugello el sábado pasado a 368,6 kilómetros por hora, estableciendo un nuevo récord de velocidad en MotoGP. El piloto madrileño de Aprilia no hace gran alarde del logro, aunque reconoce que fue algo extraordinario. Lo que probablemente importa más es que esta marca podría quedar grabada en la historia como el récord definitivo de la era de los motores de 1.000 centímetros cúbicos. El próximo año, la categoría reina del motociclismo pasará a máquinas de 850cc, y aunque nadie se atreve a predecir con certeza si serán más lentas, la sensación generalizada es que los números de velocidad pura bajarán.
Martín describe la experiencia con una mezcla de admiración y realismo. En el instante en que alcanzó esa velocidad, la diferencia entre ir a 320 o a 368,6 kilómetros por hora no es algo que el piloto sienta de manera dramática. Lo verdaderamente especial sucede después, cuando levanta la cabeza y sale de la protección del carenado. Entonces llega un golpe de aire tan violento que lo deja aturdido, desorientado. Pierde momentáneamente la visión. Cuando intenta frenar para entrar en la siguiente curva, apenas puede ver. Es en esos instantes cuando la velocidad pura se convierte en una experiencia casi alucinante.
El madrileño, que actualmente es segundo en el campeonato mundial a solo diecisiete puntos de su compañero Marco Bezzecchi, insiste en que ninguno de los pilotos sale a pista pensando en romper récords de velocidad. Para ellos es una estadística más, un dato que forma parte del deporte pero no el objetivo. Lo que realmente importa es ser regular, preciso, mantener la moto bien puesta a punto, adquirir buen ritmo de carrera, pilotar con soltura y comodidad. Aunque, claro, también hay que ser rápido, porque de lo contrario no estás delante.
Sin embargo, Martín reconoce que cuando volvió a los boxes y le comunicaron la velocidad alcanzada, sintió una cierta sorpresa. Casi cuatrocientos kilómetros por hora. Eso es algo que impresiona incluso a alguien acostumbrado a pilotar en los límites. El récord anterior lo tenían Brad Binder y Pol Espargaró con KTM, también en Mugello pero en 2024, con 366,1 kilómetros por hora. La diferencia es pequeña en números, pero en la experiencia física es significativa.
Para poner en perspectiva lo que significa esa velocidad, un avión comercial típico despega a entre 250 y 300 kilómetros por hora. El récord de Fórmula 1 pertenece a Valtteri Bottas, quien alcanzó 378 kilómetros por hora en Bakú en 2016 pilotando un Williams Mercedes. En las 500 Millas de Indianápolis, Arie Luyendyk llegó a 389,9 kilómetros por hora en 1996. El récord histórico de las antiguas 24 Horas de Le Mans, establecido en 1988 en una recta de seis kilómetros, fue de 405 kilómetros por hora.
Martín subraya que el récord no es solo resultado de la velocidad pura del motor, sino de múltiples factores trabajando en conjunto. Aprilia ha hecho un magnífico trabajo en motor, estabilidad y aerodinámica. En ese giro específico, el piloto llevaba neumáticos nuevos, había aprovechado un par de rebufos en la última curva y frenó tarde, muy agresivamente, para iniciar la recta con toda la potencia. En Mugello, hacer algo así requiere coraje, mucho coraje, porque el final de esa recta siempre es vertiginoso.
Aunque Martín minimiza la importancia del récord en su mentalidad competitiva, admite que es una experiencia única para contar y que, en el fondo, le gusta que le pregunten por ello. Pero insiste: ninguno de los pilotos piensa en estas cosas cuando está en pista. Lo que quieren es ser regulares, limpios, precisos. Quieren pilotar sueltos, alegres, cómodos. La velocidad pura es una consecuencia, no el objetivo. Aunque, claro, si no eres tremendamente veloz, no estás delante. Y Martín, claramente, está delante.
Citas Notables
Pierdes la vista, estás aturdido, pero te recuperas al instante por costumbre— Jorge Martín, piloto de Aprilia
Ninguno de nosotros sale a pista pensando en romper el récord de velocidad— Jorge Martín
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Qué se siente cuando alcanzas esa velocidad y pierdes la visión?
Es algo que no puedes anticipar. El golpe de aire es tan violento que, durante las primeras milésimas de segundo, estás completamente aturdido. Recuperas la vista al instante por costumbre, pero en ese momento no controlas nada.
¿Entonces el peligro es real?
Totalmente. Por eso el cuello tiene que estar muy reforzado, muy musculoso. Si no, ese golpe de aire te lanza hacia atrás de forma violenta. Es cuando intentas frenar para la siguiente curva cuando más lo sientes.
¿Saliste a pista ese día pensando en batir el récord?
No, nunca. Ninguno de nosotros piensa en eso. Salí con neumáticos nuevos, aproveché un par de rebufos y frené tarde. Fue una buena vuelta, nada más. El récord fue una consecuencia.
Pero ahora que lo tienes, ¿qué significa para ti?
Es una experiencia para contar, algo hermoso que vivir. Pero en el fondo, lo que importa es ser regular, preciso, tener la moto bien puesta a punto. La velocidad pura es solo una parte del puzzle.
¿Crees que este récord durará?
Probablemente sí. El próximo año cambiamos a motores de 850cc. Nadie sabe exactamente qué pasará, pero la sensación es que seremos más lentos. Este podría ser el récord definitivo de esta era.
¿Y eso te importa?
Claro que sí. Es bonito dejar tu marca en la historia. Pero mientras tanto, lo que me importa es ganar carreras y ser campeón.