En el verano de 2026, Europa descubre que sus centrales nucleares —concebidas como baluartes de la energía limpia— son rehenes del mismo cambio climático que prometían combatir. La caída histórica de los caudales del Danubio, el Ródano y el Garona ha obligado a detener o reducir quince reactores en Francia, Hungría, Rumanía y Suiza, borrando de un golpe diez gigavatios de capacidad instalada. Lo que emerge no es solo una crisis energética de verano, sino una pregunta civilizatoria sobre la solidez de infraestructuras diseñadas para un clima que ya no existe.
Crisis climática paraliza 15 reactores nucleares europeos por falta de agua en ríos
Hungría y Rumanía implementan restricciones de consumo en industria y transporte público tras paros nucleares que generan crisis energética nacional.